«Fraude, México 2006»: antes y después.

Juan Sabines, protector de paramilitares, dando el
"pizarrazo de salida "al filme La precoz y breve vida de Sabina Rivas,
realización de Luis Mandoki.

Por fin, Contra El Viento Films consiguió estrenar la cinta que se promociona como “una película de millones de mexicanos dirigida por Luis Mandoki”. Así que apenas, a penas, comenzó a proyectarse en las más de 200 salas que tiene previsto hacerlo, me apuré a verla movido en principio por una suerte de experimento muy personal: conocer por mí mismo la reacción de la gente entorno a la “tercera asamblea informativa” de su Convención Nacional Demócratica (CND), en el zócalo de la ciudad Monstruo.

Mis segundas motivaciones, lejos de enterarme de las evidencias recogidas por Mandoki sobre el descomunal fraude electoral, pues no esperaba que el director de Voces inocentes mostrara algo nuevo bajo el sol, respondían a meros intereses cinematográficos: saber qué había hecho con tanto material que él mismo no había filmado y atestiguar el resultado de un filme que en principio decía reconocerse como una película coral.

Salvadas las razones anteriores, que incluye el gusto personal que tengo para con el documental, género que si no mal recuerdo fue el primero en filmarse en estas tierras por aquellos años de la guerra que algunos llaman la Revolución Mexicana y que a pesar de ello ha sido el más desdeñado por público y distribuidoras, confieso que también tenía un fuerte interés por ser parte, al menos desde la butaca, de lo que creo es ya un hecho sin precedente en la historia que comparten el cine y la política en nuestro país. Supongo que no ha sido nada fácil producir, realizar y exhibir un panfleto de semejantes proporciones; sobre todo cuando es contrario al servilismo que profesan empresas como la Warner Brothers CompanyTelevisa o Cinépolis en aras de sus negocios con Felipe Franco Pinochet, dizque presidente constitucional de México.

1. El fraude electoral.

Tras ver Fraude: México 2006 la rabia, como dijera una señora que estaba en el asiento detrás del que estaba yo, aparece de nuevo; creo que ése es uno de los propósitos fundamentales de Arreola y Mandoki, y lo han logrado. En lo personal, salí con un profundo respeto por toda esa gente (quienes filmaron, quienes se dejaron filmar, quienes se cooperaron para que la película pudiera ser terminada, quienes vigilaron la proyección de los trailers, quienes han comenzado a asistir a las exhibiciones… los millones de mexicanos correalizadores) y salí también con la esperanza de que sus aspiraciones de libertad, justicia y democracia verdaderas no se vean burladas de nuevo próximamente “en su cine favorito”; es decir, por el hombre que alguna vez les dijo que les amaba desaforadamente para luego negociar, con todo y guardada del moñito tricolor, las movilizaciones que lo llevaron a tener su nombre y el de su coalición en las boletas aquél 2 de julio de 2006.

Es de agradecerse, sin embargo, el oficio del cineasta con respecto a la edición de tantas y diversas grabaciones, logrando hacernos sentir que se trata de una respiración común; como también la apretada colección de pruebas del fraude, en un documento que consigue lo imposible: presentar un historial redondito de las piezas sueltas del rompecabezas de la democracia a la mexicana.

Más aún, Fraude: México 2006 es también una lección de que, como dijera el personaje principal de la película, en México la democracia no ha existido nunca. Son conmovedoras las imágenes de Salvador Allende (a quien la mayoría de quienes vean el filme quizá desconozcan), del mega plantón en Reforma, de la indignación de la gente que se sabe burlada o de la impotencia ante la criminal resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; como son provocadoras las escenas de los autonombrados comunicadores, verdaderos esbirros, sumándose a la canallada y el descaro, también expuestos, de quienes fueron y son la mano que meció la cuna del fraude.

Todas y todos están allí, comenzando por Felipe de Carlos Salinas Calderón tomando posesión como presidente de México en 1988/2006 y Vicente de la Madrid Fox Hurtado(r) declarando que aquestas son las elecciones más limpias de nuestra historia, secundados por Luis Carlos Ubartlet. Mandoki va de las muy acertadas comparaciones históricas al detalle casi imperceptible de una mancha en una boleta que mostrando claramente la intención del voto será anulada por un consejo electoral distrital digno de una obra de Valle-Inclán, pasando por el desfile de personajes igualmente esperpénticos como Elba Esther Gordillo, Carlos Ahumada, René Bejarano, Víctor Trujillo, Adela Micha, Carlos Marín, Leonel Castillo, Diego Zavala… finísimas personas todas y todos ellos.

Y es verdad: Mandoki no desveló nada nuevo bajo el sol; pero quizá por eso mismo, porque estando todo demostrado, tan claramente expuesto no sólo de ahora, el fraude es aún más grotesco en su consumación e institucionalización.

2. El fraude fílmico.

Fraude: México 2006 se trata de un filme inteligente y emotivo a todas luces; insisto: un muy buen panfleto. Mucho más respetuoso para con lo que la gente piensa y siente, en comparación con la sarta de espots (también panfletarios) que aprovechándose de las tragedias en Tabasco y Chiapas intentaron servir de trampolín a la nula legitimidad de Felipe Franco Pinochet.

Fraude: México 2006 es también, sin duda, un documento histórico; con esta convicción entré a la sala de exhibición y con esa misma convicción salí de ella. Hay, sin embargo, algunas inconsistencias (perdón, se me quedó pegado el lenguaje legaloide electoral) de las que creo no puedo callar. En principio, “la película de millones de mexicanos…” es, en parte, un fraude en sí misma.

Me explico. Fraude: México 2006 se ha anunciado por su realizador y su productor como una cinta que da cuenta, como su nombre lo dice, de la burla a la voluntad popular expresada en las urnas el 2 de julio de 2006 (cosa en la que se cumple); pero de la que siempre se negó que fuera también una película que hace las veces de culto a la personalidad de Andrés Manuel López Obrador, otrora candidato presidencial de la Coalición Por el Bien de Todos y actualmente dirigente de ése imaginario que algunos llaman la presidencia legítima de México, cosa en la que no sólo no se cumple sino que hasta se le compara (hágame usted el favor) con Salvador Allende.

Por otra parte, Fraude: México 2006 se promovía como el documental que terminaría por desvelar el laberíntico basurero de la legalidad y la democracia capitalistas (aunque no se decía con estas palabras), de modo que quienes estábamos seguros de que se había cometido fraude supiéramos también explicar cómo había sido, y quienes están ciertos de que las elecciones de 2006 brillaron de tan limpias se dieran la oportunidad de preguntarse: “¿y sí no?”. Sin embargo, la producción de Contra El Viento Films no dice nada que sus socios y muchos otros no hubieran dicho ya (inclusive se guarda información que podría ser fundamental para la película, en tanto documento histórico). Así, pues, Fraude: México 2006 es más bien “una película de millones de mexicanos…” realizada para consumo de esos mismos millones de mexicanos.

Esto del autoconsumo de un producto en principio artístico con justificaciones políticas, no es, creo yo, algo ilegítimo. Pienso que es bastante válido, sobre todo cuando se estaba en vísperas de su “tercera asamblea”, en la que mucha gente esperaba sirviera de marco al gran anuncio del lopezobradorismo (anuncio que no se dio): deslindarse del perredismo, pero que no fue sino la confirmación de que las ictéricas canalladas de la supuesta revolución democratizada seguirán siendo parte de la capirotada que se insiste en nombrar presidencia legítima. La cosa es que al quedarse en el autoconsumo está muy lejos de significarse más allá del mero artilugio propagandístico.

Muchos detalles se quedan en el tintero. Por ejemplo, en el plano de lo cinematográfico, contar de lo que para mí fue un empleo inteligente de ciertos recursos, como disponer de una voz femenina para la narración y de otra, masculina, para las entrevistas; “enmarcar” con escenas trabajadas en velocidades diferentes (menos de los 24 cuadros por segundo) el filme todo, dándole un toque como de película filmada a principios del siglo 20, o haciendo coincidir en una suerte de diálogo a muchas voces lo mismo las entrevistas que las grabaciones de todos los formatos disponibles, en una edición que creo excelente.

En el plano de lo político, poner en la mesa cuestiones que son fundamentales pero que pasan desapercibidas, como el hecho de que, según aseveraciones de Andrés Manuel López Obrador, el secretario de la Defensa Nacional en el sexenio foxista haya intervenido destacadamente en política, asuntos que no son de su competencia, en medio del desafuero que a él, a López Obrador, le orquestó la oligarquía, o la contradicción de quien insiste en presentarse, en tanto presidente legítimo, como un hombre que estima su honestidad como lo más importante de su persona y continúa guardando un silencio criminal ante la connivencia de su partido y su propia presidencia para con la estrategia guerrerista que Felipe Franco Pinochet pone en marcha contra los municipios autónomos zapatistas en connivencia con el priísmo local (léase: los caciques y terratenientes de toda la vida).

3. El fraude con lupa.

Cual si de una lupa se tratara, Fraude: México 2006 presenta además a las y los morelenses una joya: imágenes editadas de la sesión permanente del Consejo Electoral Distrital 01 del IFE en nuestro estado, aquéllos 2 y 3 de julio de 2006.

En la toma aparecen algunos representantes de partidos políticos cuestionando al consejero presidente sobre un acta que, podemos suponerlo, no fue llenada por el ciudadano que fungió como secretario de la casilla. En medio de la repetición fílmica de burlas a la inteligencia de la gente, el caso aparece como una más, sin duda; y, lamentablemente, la respuesta del consejero que cita el artículo 214 del Cofipe para decir que aquello “no es una alteración, sino un olvido”, y por lo tanto no se justifica legalmente la apertura del paquete en cuestión, es, por decir lo menos, desafortunada.

Conozco tanto al consejero presidente como al consejero propietario que responde a las interrogaciones de los representantes partidistas, fui compañero suyo, también como consejero, en los procesos electorales de 1999-2000 y 2002-2003, y puedo asegurar que se trata de hombres honestos.

No obstante, considero que por querer ser más papistas que el papa, y por seguir a pie juntillas las indicaciones que el jurídico del Consejo General del IFE les hiciera llegar (como a todos los consejos distritales) sobre los casos en los que sí se podía abrir paquetes y en los que no, perdieron la visión de que por encima de todo en sus manos estaba la responsabilidad de garantizar certeza a la elección, uno de los principios rectores del mismo IFE por mandato constitucional.

Ignoro si finalmente el Consejo Electoral Distrital 01 del IFE en Morelos decidió, por votación, que aquella urna se abriera (mañosamente Mandoki no nos lo deja ver, como sí lo hace en el caso de la boleta anulada); pero espero que las señoras y los señores consejeros hayan optado por hacerlo, de lo contrario, en nombre del Estado de Derecho, hicieron pasar por encima de la Carta Magna una ley menor, como el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, y terminaron prestándose a la sinvergüenzada que multiplicada mínimo por 300 dio el triunfo (triunfo ilegal e ilegítimo) a Felipe Franco Pinochet.

Después de esto no creo que les quedará duda, ni a ellos ni a los demás consejeros, de que para la próxima cualquier precaución en aras de dar certeza a un proceso electoral es poco: recuerdo que hubo consejeros de otros distritos que denunciaron los dictados del Consejo General. Me hubiera gustado encontrar los nombres de mis amigos entre ellos.

El juego electoral es una farsa que se teje mucho antes del día de la jornada crucial; así nos lo recuerda el epígrafe que cita a Fernando del Paso al comenzar Fraude: México 2006. Una lectura, acertada, es que el fraude viene junto con pegado a un régimen como el que padecemos desde que la revolución mexicana se interrumpió en 1920 con el asesinato de Zapata y la capitulación de Villa, como afirma Adolfo Gilly. Para Mandoki el fraude bien puede ser un ciclo que no deja de repetirse y que tiene en 1988 y en 2006 dos de sus ejemplos más claros.

Allí radica, justamente, la parte de responsabilidad que tienen el perredismo y el lopezobradorismo en el gran circo electoral: son parte de ese juego y quieren seguirlo siendo. ¿Acaso no sabían que algo así ocurriría desde el momento en que entre el PAN y el PRI, y gracias a la inoperancia política del PRD, designaron quienes serían los integrantes del Consejo General del IFE, Ugalde Ramírez entre ellos?

La respuesta a lo anterior no es un asunto banal. De contestar que no, habría que preguntarnos como ciudadanas, como ciudadanos, cuanto más vale la pena caminar junto a hombres y mujeres como estos. De contestar que sí, además de cuestionarles por qué entonces llamaron a participar de un proceso viciado de origen, valdría preguntarnos nuevamente cuánto vale la pena caminar junto a mujeres y hombres como estos.

Una lucha tienen enfrente de sí quienes participan de la CND y de la presidencia legítima de López Obrador: seguirse articulando para la supuesta defensa de nuestros recursos naturales, principalmente los energéticos, sin modificar de fondo el sistema que amenaza la conservación de éstos, ergo: no defender realmente los recursos naturales; o emplear todas sus energías en ponerle punto final a la clase política que perpetua éste sistema.

Su “tercera asamblea informativa” era también el marco para la rendición de cuentas del gobierno legítimo, de cara a los 20 compromisos que su presidente adquirió hace un año, ¿qué no? En medio de la indignación revisitada gracias a Fraude: México 2006 y de los provocadores repiques de campana en Catedral ¿se acordaron de pedir esas cuentas?

Según tengo entendido, la CND acaba de sumarse en pleno al Frente Nacional Contra la Represión (ya antes una comisión lo había hecho); señoras y señores convencionistas: ¿mandatarán a su presidente legítimo que ponga fin a la articulación de paramilitares de su partido, el PRD, en contra de las y los zapatistas, o esperarán a su “cuarta asamblea informativa” mientras Mandoki prepara su nuevo filme, quizás bajo el abrigo de un gobernador cacique de nacimiento, priista de toda la vida, que apoya a esos mismos grupos paramilitares?

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