11 de agosto de 2017

El teatro, un león de peluche con garras de tela.

Hace 27 años comencé mis andanzas en un oficio que muchas veces por molestar digo que no me gusta. Llego a esta casi treintena con mucha carga de trabajo, muchos proyectos; pero, como casi siempre, con los bolsillos vacíos. Llego queriendo que los días tengan más de 24 horas y que la energía que me mantenía despierto durante largas jornadas de trabajo en años atrás me vuelvan a la mente y al cuerpo. Llego con un sentimiento de agradecimiento, enorme, para con mi madre y mi padre, para con mi hijo y para con las mujeres, gigantas todas, que me han permitido caminar a su lado en algún tramo de sus vidas. Llego emocionado por la nueva etapa que depara al zapatismo. Y, finalmente, llego con un sentimiento de orfandad por el reciente fallecimiento del señor Eduardo del Río, el tal Rius.

Como a todos, creo, el teatro se me inoculó (sin albur) siendo, antes que nada, un espectador. La primera vez que vi una obra de teatro tendría unos 7 u 8 años de edad; se trataba de un espectáculo infantil producido por el Grupo Cultural Zero: De dulce, de chile y de manteca. Me recuerdo, primero, fascinado, encantado; después, triste o, más bien, decepcionado, porque al final de la función mi padre me llevó a los camerinos para descubrir que el león en la fábula de "El León y el ratón" era un actor. Poco ayudó que ése actor fuera mi tío Eduardo; yo quería que el león fuera, simplemente, un león; no un león de esos de verdad que hay en los zoológicos: me hubiera dado mucho miedo; no, un león de verdad con piel de peluche y garras de tela que sabía pararse en sus patas traseras y, para acabarla, hablaba español. Y, no es que yo no supiera que el león era en verdad un actor disfrazado de un león con piel de peluche y garras de tela; lo que yo quería era seguir pensando en la remota posibilidad de que quién quita y sí fuera un león con piel de peluche y garras de tela de verdad. De modo que el teatro, desde muy temprana edad no fue, como dice la banda, mi hit; lo mío, lo mío, eran los deportes, sobre todo el futbol. No obstante, muchos años después, cuando el teatro se me metió en la piel y en la palabra, mi primera meta profesional fue ser parte, precisamente, del Zero: el grupo de teatro ése donde unas veces chambeaba de actor un león con piel de peluche y garras de tela y otras veces mi tío hacía, entre otras muchas cosas, de león.

Estar en el Zero, ser parte del Zero (lo he dicho en otras ocasiones), era como mi prueba de fuego para saber si el teatro podría ser mi proyecto de vida: si podía vivir y sobrevivir a la experiencia del teatro popular e independiente de ser un zero (léase: nadar a contracorriente, sin ni uno sólo de los apoyos oficiales que hoy mendigamos muchos de quienes nos decimos "independientes", caminando hombro con hombro con pueblos indígenas en resistencia antes que el neozapatismo llamara la atención nacional e internacional hacia ellos, organizaciones precursoras de la defensa y promoción de los derechos humanos hoy tan en boga o partidos políticos pertenecientes a una izquierda entonces reciéntemente legalizada y constantemente reprimida; es decir: pasando hambre), significaría que podría hacer del teatro mi oficio, mi profesión, mi vida.

Claro que en ése estoicismo un tanto cuanto romántico no estribaba mi deseo de ser un zero; tampoco, cabe aclararlo, en el hecho de que uno de sus fundadores fuera Eduardo López Martínez, mi tío (con todo y que posteriormente se convirtiera en uno de mis maestros escénicos más significativos). Mi deseo por ser un zero radicaba en, habiendo caminado el oficio de Tespis, reconocerme heredero de un teatro que en México tiene uno de sus capítulos más importantes en el Grupo de Teatro y Poesía Coral "Mascarones", mismo que tiende sus ramas hacia el teatro chicano, al norte, y al teatro latinoamericano, al sur, y abreva de una línea genealógica que, por un lado, va de la carpa mexicana a la commedia dell'arte, pasando por la legua de los siglos de oro español, y, por otro lado, va de Seki Sano a Stanislavski, pasando por Meyerhold, y de Boal a Brecht, pasando por Dragún, Buenaventura o Del Cioppo.

El Grupo Cultural Zero se fundó en 1978, tres años después de que yo llegara al mundo, tras una escisión al interior de "Mascarones". Según lo tengo contado, en una suerte de microhistoria que como todas las microhistorias pasa muchas veces desapercibida en medio de los metadiscursos de la Historia con mayúscula inicial, trece de los entonces dieciséis zeros habían decidido que el discurso por democracia, libertad y justicia que el grupo capitaneado por Mariano Leyva ostentaba como bandera de dientes hacia afuera debía regir también la vida interna de la agrupación. Mariano, apoyado por su entonces pareja sentimental, Lourdes Pérez-Gay y ¿su primo? Fernando Leyva, conservó para sí el nombre y la historia de "Mascarones", incluyendo las regalías de la mayoría de sus productos: libros y discos, principalmente.

Las y los treces jóvenes, apoyados por Humberto Proaño, quien hasta entonces había sido algo así como el brazo derecho de Mariano en "Mascarones" después de haber sido colaborador de Seki Sano en el Seminario de Actores del Teatro de la Reforma, se vieron forzados a encontrar un nuevo nombre para su colectivo; uno que expresara tanto la idea de comenzar desde cero, como la de estar de vuelta: de no estar acabados. Una película franco argelina dirigida por Costa-Gravas: Z (1969), les dio la pauta; al final del filme, en el que se desmenuzan las prácticas represivas de gobiernos de derechas en Grecia, una enorme Z que alude al apellido del líder de izquierdas asesinado en la película aparece garabateada en alguna de las paredes; la Z, durante los regímenes militares en Grecia, era un símbolo prohibido porque significa "el espíritu de resistencia vive". Así nace el Zero.

Para la siguiente década, las y los zeros estaban, junto con las y los zumbones y zopilotes, entre las y los principales representantes del teatro popular e independiente en México; así lo pensaba al menos el investigador teatral Donald H. Frischmann, quien en la primavera de 1985 escribió en la revista especializada Latin American Theatre Review:
El Grupo Zero ha incursionado en una variedad de formas teatrales, destacándose entre ellas el teatro de revista carpero. En espectáculos de creación colectiva como La Carpa Zero y En la tierra del nopal, el grupo retoma esta tradición, dándole toques originales, como su muy hábil utilización de las máscaras y los disfraces, y a través de ella da su perspectiva acerca de personajes de la vida social del México actual; funcionarios y vedettes, 'pelados' y policías, amas de casa, figuras del hampa, vendedores ambulantes, artistas, ricos y pobres figuran en cuadros cuya comicidad frecuentemente responde a un humor negro y que ofrece la risa como válvula de escape frente a situaciones aparentemente insuperables, a la vez que provoca la reflexión crítica. Problemas sociales y políticos como la represión y la desaparición de ciudadanos, el subempleo, la prostitución de la democracia y de toda la maquinaria de poder en México, el charrismo sindical y la institución de la 'mordida' son examinados crítica y humorísticamente por el Grupo Zero. No sorprende, pues, que por su ingenio y por sus grandes cualidades humanas este grupo se haya colocado a la vanguardia del nuevo teatro popular e independiente de México.
Yo tenía entonces apenas 10 años de edad y mi formación política iba de la mano de las lecturas que me acercaba mi padre, entre las que destacaban los monos de Rius, ora en Los Supermachos y Los Agachados, ora en sus libros ABChé, Cuba para principiantes, Mao en su tinta o La panza es primero, y de las historias de mi madre en el Chiapas de su infancia y adolescencia donde pervivían prácticas como el derecho de pernada y otras lindezas de ese cacicazgo muy medieval que aún tenemos en el México del Siglo 21.

Tres años más tarde, en aquél 1988 axial que me enseñó que al capitalismo mexicano no se le arrebataría el poder nunca mediante las urnas, los entonces integrantes del Grupo Cultural Zero participarían en el XIV Festival Internacional de Teatro Chicano Latino del TENAZ (Teatro Nacional de Aztlán); no era la primera vez que lo hacían, como integrantes de "Mascarones" no sólo se contaban entre sus fundadores: el nombre mismo de TENAZ fue idea de Mariano Leyva, en 1971, sino que ya habían sido sus organizadores: en 1974, todavía siendo miembros de "Mascarones" y como integrantes de una CLETA que después, al más puro estilo estalinista, los expulsaría, co-organizaron el V Festival del TENAZ y I Encuentro de Teatro Latinoamericano, en la Ciudad de México, y dos años antes, en 1986 organizaron el XIII Festival del TENAZ, en donde homenajearon a su querido y emblemático Humberto Proaño, en Cuernavaca, Morelos.

En aquél XIV Festival del TENAZ, el de 1988, las y los entonces zeros presentaron Como burro sin mecate, una farsa basada en los monos del Maese Rius. Ahora, hace unos días, Arturo Torres Romero, mejor conocido como El Churro, hermano mayor de tablas y otras andanzas que ahora no viene al caso platicar, recordaba que Como burro sin mecate había sido el modo en como el Zero participó en uno homenaje que se le hizo al doctor Rius Frius junto con un titipuchal de banda:
Fueron varios días de exposición y temporadita de teatro en el Jardín Borda, pero en la inauguración, Rius nos la cambió, palabras más, palabras menos, nos dijo en el micrófono: "Éste 'ojo-meneado', perdón, homenajeado; quiere decir que aquí está presente el mejor caricaturista de México y me atrevo a afirmar que es el mejor dibujante y monero del mundo". Entonces, el maestro Rius señaló a alguien que se puso rojo por la vergüenza: el maestro Rogelio Naranjo. Así se las gastaba el humilde maestro Eduardo del Río, Rius.
En la Latin American Theatre Review, Frischmann mencionaría la participación de las y los zeros en el XIV TENAZ:
Como burro sin mecate, del Grupo Cultural Zero, fue uno de los actos más aplaudidos del Festival TENAZ. Esta comedia de enredos, basada en un cuento del caricaturista Rius, aprovechó con sabor genuino elementos de teatro popular netamente mexicano como el esquech de carpa y el espectáculo callejero de merolico, junto con el uso original de máscaras parciales (...) La crítica mordaz contra el sistema político mexicano, particularmente el PRI y el PAN, culmina en la última escena donde el político omnipotente pisa la espalda doblegada de su guardián, se tira un puñado de confeti sobre su propia cabeza y declara: "¿Desde cuándo se necesitan votos en este país para ganar elecciones?" El Zero ha alcanzado un excelente nivel en los géneros populares mexicanos y sus miembros deben ser reconocidos como dignos representantes de esta rica tradición. La adaptación de la historia, la escenografía y las máscaras fueron realizadas por Eduardo López Martínez, y la dirección fue colectiva. Los demás integrantes del Zero eran Arturo Torres Romero, Fernando Hernández Silva, Silvia Pérez Gándara y Berta Alicia Macias Lara.
Yo tenía 13 años de edad y, junto con mi hermano Nicolás, el verdadero devorador del tal Rius en la familia, acompañaba a mi padre en las manifestaciones que inundaban de gente las calles de la Ciudad de México con consignas como: "¡20 millones, ja, ja, ja!", en sorna por la cifra de votos que el PRI dijo que obtendría con la candidatura de Carlos Salinas de Gortari, o: "¡Paloma Cordero, tu esposo es un culero!", como expresión de alta literatura popular para señalar al presidente de la República como principal responsable del fraude electoral contra Cuauhtémoc Cárdenas... pero, teatro, nada; sólo como espectador: recuerdo con mucho placer las dos veces, una con mi padre y otra con mi madre, que entré a ver Los dos hermanos, de Felipe Santander, en el Teatro Legaria del IMSS, y una función de Las calaveras de Posada, con un "Mascarones" que parecía haber renunciado a renovarse después de la salida de las y los zeros, en la Alameda Central de la Ciudad de México.

Llegó, sin embargo, el tiempo en que me contagié de teatro por completo. Yo, claro, aún no lo sabía; aunque ya acusaba los primeros síntomas porque a la experiencia de teatro amateur con el Grupo de Teatro "Compañeros", capitaneado por el incansable maestro Benjamín Gómez Jiménez, en la escuela preparatoria donde yo estudiaba, buscaba sumarle la experiencia de otro teatro... otra forma de hacer teatro. No sabía bien a bien cuál, ni cómo llamarle a ésa otra forma, a ése otro teatro; en "Compañeros" se me había inoculado el virus dionisíaco con cariño, pero algo me decía que eso no era suficiente. La víspera del Año Nuevo 1991... o 1992... no lo recuerdo bien... le pregunté a Eduardo, mi tío, si al terminar la prepa me aceptarían en el Zero. Me dijo, palabras más, palabras menos: Primero termina la escuela y luego platicamos; el teatro que tú haces es un teatro muy diferente al que nosotros hacemos... —Sí, lo sé... o lo imagino... es un teatro más, digamos, político, ¿no? —Pues, sí; pero, más que político, es un teatro que exige estar allí con él de tiempo completo; para ti, el teatro ahora es sólo un pasatiempo, un tallercito de tu escuela; cuando termines la prepa y veas si el teatro es tu vocación, platicamos, porque ya estamos un poco cansados de estar formando a gente que luego deja el grupo y se dedica a otras cosas, menos al teatro.

El Zero, entonces, estaba conformado ya sólo por Berta Alicia y El Churro; con Berta Alicia me vinculaba, más que como colega, como pareja sentimental de Eduardo: era mi tía; con El Churro, el vínculo profesional era nulo: él ni siquiera sabía que yo hacía teatro. Ése Zero todavía hizo de las suyas en el TENAZ de ése 1992, con Cada quien... que le ponga... como quiera, un espectáculo en el que pusieron sobre las tablas su pensar y su sentir sobre los 400 años del, ora "Encuentro de dos mundos", ora "Descubrimiento de América", ora "Invasión española". Yo, por entonces, estaba más enfrascado en la toma de las instalaciones de la preparatoria donde estudiaba, la Preparatoria Federal por Cooperación "Calmecac", mejor conocida como Prefema: era presidente del Consejo Estudiantil. El Rius de La Trukulenta Historia del Kapitalismo se había vuelto el Rius con el que yo más dialogaba y campechaneaba su lectura con la de Los conceptos elementales del materialismo histórico de Marta Harnecker; eso sí, no dejaba de hacer teatro: a las manifestaciones que exigían la renuncia de la mesa directiva de la Sociedad de Padres de Familia por fraude y robo a mis maestras y maestros, les sumaba los ensayos tanto en "Compañeros" como en la Casa de la Cultura y, después, en el Centro de Formación Teatral "Mayrán".

Llegó 1994, mis primeras andanzas en el zapatismo civil me llevaron a tierras neozapatistas, primero, y zapatistas, después; es decir, a Chiapas y a Morelos, respectivamente. En marzo de ése año, ElChurro ya no estaba en el Zero, así que sólo quedaban en la agrupación, o en lo que quedaba de ella, Berta Alicia y Eduardo, y ya, inclusive, Berta Alicia estaba haciendo sus maletas para salirse... las razones, según entiendo, sobraban. Tras el naufragio de la Convención Nacional Democrática, convocada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en su Segunda Declaración de la Selva Lacandona, se volvió urgente que yo abandonara Torreón: había sido integrante de la presidencia colectiva de la CND en co-representación por Coahuila y la vigilancia gubernamental sobre mi persona estaba poniendo en peligro a mi familia. Chiapas y Morelos se abrían como una posibilidad y, también, como una disyuntiva: la clandestinidad neozapatista, donde quizás más tarde podría hacer teatro o, como dicen las y los compas, "la seña", o el teatro, donde, al hacerlo con el Zero, podría tender puentes con la única militancia política que me importa: el neozapatismo.

El día que llegué a Cuernavaca, Berta Alicia y Eduardo estaban ensayando algo llamado Sancochado callejero en el otrora CED, el Centro de Encuentros y Diálogos. Sancochado callejero era una versión reducida a tres actores y/u/o actrices de Como burro sin mecate, el espectáculo aquél basado en los monos de Rius. Ya me esperaban. Una noche, una semana antes, le había hablado por teléfono a Eduardo para decirle: —¿Te acuerdas que un día, hace tiempo, me dijiste que primero terminara la escuela y luego hablábamos de irme a Cuernavaca para ser parte del Zero?; pues, ya terminé, y estoy listo para irme en cualquier momento. Años después sabría que Eduardo no sólo nunca había esperado que yo fuera parte del Zero; sino que tampoco deseaba que ésa vez lo fuera. Aún así, me abrió las puertas de su casa, de su vida... o parte de ella... y, lo que para mí fue lo más importante, del mismo Zero.

Es verdad, el Zero que conocí, el que me llevó a conocer también a Rius, cotorrear con él en alguna tienda departamental mientras escogíamos unas naranjas, actuar para él sus propios personajes (yo hacía del Cambujo, personaje que al más puro estilo de la carpa mexicana, de la commedia dell'arte y de la legua española aurisecular, heredé creo de El Churro por ausencia, quien lo heredó de El Fantasma) en el modesto homenaje que le hizo Benjamín González en el Centro Cultural Universitario de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos por sus 40 años de monero y hasta sentarme junto a él en la, como él mismo dijo, surrealista presentación de su libro El diablo se llama Trostky por invitación de mis camaradas maestros del Partido Revolucionarios de las y los Trabajadores (PRT) / Convergencia Socialista y la Comisión Indepéndiente de Derechos Humanos de Morelos; el Zero que conocí, decía, quizás sólo era una pálida sombra de aquél Zero que trece hombres y mujeres, jóvenes todas y todos, habían fundado en un amoroso gesto de congruencia teatral y política el 1 de junio de 1978; quizás lo era también del Zero que aún con mucha calidad y dignidad sostenían sobre sus hombros Berta Alicia, Arturo y Eduardo hasta vísperas del neozapatismo; pero, el Zero que me tocó, con todo y sus escombros, fue para mí una de las experiencias escénicas más significativas de mi vida.

Ése Zero está nutrido del regalo de haber conocido y trabajado con Eduardo y Berta Alicia; de haber encarnado a personajes nacidos o visitantes de las plumas de Enrique Ballesté, Rius o Juan Rulfo; de ser el ejemplo de un sueño que soñé con mis carnalitas y carnalitos de Mitote y Teketke, en Cultura Joven; de ser el puente con las y los compas de esos pueblos nahuas que me abrieron sus puertas porque caminaba de la mano y las enseñanzas de Juliana y José; de ser el impulso para escribir en el proyecto editorial que fue La Jornada Morelos que vi de cerquita nacer y vi de lejos morir a manos del graquismo (¡oh, la izquierda moderna, tan modernamente parecida a la más rancia y vieja de las derechas!); de ser, literal, la casa que fue el hogar que lo fue, por un tiempo, de mi hijo: mi adoración más grande.

¿Qué más se puede esperar de mí, de mis modos y mis formas belicosas, groseras, irreverentes y poco demagógicas, si para mí el Zero que me tocó, contagiado de ése Rius que decía que le había vendido su alma al diablo para dibujar tantos pinches monos, me marcó de un modo tan determinante como la fascinación aquella de pensar en la verdad que existe en un león con piel de peluche y garras de tela?

24 de marzo de 2017

Macario Muuch / 3.

Collage de Gloria Servan Triveño.
En este viaje aún hipotético de la fraternidad a la sororidad, en tanto aprendizaje-desaprendizaje de género, vamos a dar el paso, querido amigo, al segundo momento del proyecto; un momento en el que el viaje cronológico, de simple acumulación de tiempo, se permuta en un viaje-trayectoria de suma de experiencia: un viaje de madurez escénica. De allí que su, por decirlo de algún modo, segunda estación, sea hacia mediados del mes de agosto: mi cumpleaños de tablas.

El segundo momento, como te lo adelantaba en el apunte anterior, no es ya el de ponerme en manos de un director de escena; es decir, de un hombre; sino de una directora de escena, de una mujer. Mientras en el primer momento, el viaje era un tender un puente genealógico-personal, necesariamente masculino; en el segundo momento, me interesa que el producto estético se perfile hacia la nueva belleza y calidad técnica que le caracterizaría por su carácter femenino. Un neologismo inventado por Margarita Sanz que ella misma nos compartiera en el CUT me viene a la cabeza cada vez que pienso en esto: entrañabilidad.

La mirada femenina, que, insisto, pondrá un nuevo orden y una nueva belleza al juguete-montaje, irá haciendo acto de presencia aun desde el primer momento de la mano tanto de una directora de escena, como de una directora de arte; ella, la directora de arte, dotaría su propia estética incluso al producto escénico dirigido por Eduardo (López Martínez) hace casi dos décadas. Éstas mujeres son Alejandra Argoytia, en la dirección de escena, y Águeda León Martínez, en la dirección de arte.

Indispensable también será ir de la mano de Malky Castro Zavala. Este proyecto, Macario querido, no contendió en la categoría de Teatro para el Fondo Municipal de las Artes Escénicas y la Música 2017; lo hizo en la categoría de Interdisciplina. Su caracter interdisciplinar se lo dará, justo, el trabajo con Malky, con quien estaré bordando una expertise que tendrá como soporte el "darme cuenta" de cómo se mueve en mí ése entramado de cuerpos sutiles y centros de energía que soy.

No me basta con proponer un diálogo-cruzamiento con otra disciplina artística, mucho menos otra disciplina escénica, como podría ser el caso de la danza; me interesa acercarme al cuerpo por la línea de experimentación del movimiento: el movimiento preexpresivo, el movimiento somático, el movimiento vital expresivo. Y, en esto Malky, con su formación en el Sistema Río Abierto, en Argentina, y en IGECORET, reciéntemente; así como por su experiencia de casi 10 años en la praxis psicocorporal, es la cómplice-guía ideal. Esto también hace único este montaje de tu voz a otros que se hayan hecho antes.

Los momentos-etapas del proyecto van, por decirlo de algún modo, agregándose o desagregando conforme avanza su realización. Entre agosto y noviembre, cuando se estrena el proyecto como lo estoy proponiendo en el Fondo, corre el tercer momento-etapa. En este tercer momento se integraría a la palabra rulfiana, la respiración y cadencia de la lengua maya peninsular en una suerte de diálogo; ya no sólo genealógico, como en el primer momento; ya no sólo estético, como en el segundo; sino, también, entre por lo menos dos de los muchos méxicos que México es. Allí, la guía fundamental será Socorro Loeza.

Que el trabajo en/con la maya se integre hacia el tercer momento-etapa exige que éste se vaya urdiendo, cual hamaca, desde el inicio del proceso… o más o menos; así, pues, tendría que sentarme y planear con Soco la traducción y pronunciación de los textos en maya que se integrarían desde mucho antes del estreno en noviembre.

Lo que toca ahora, mi estimado, es reunirme con todas ellas de cara al trabajo que se avecina; pero, de eso ya te platicaré luego. Por lo pronto, sábete que llevo varios días pensando en que también será necesario contar con alguien que vaya acompañándome más de cerca para, por ejemplo, la sistematización de la experiencia y la asistencia del concepto escénico todo. Alejandra tendrá como asistente de dirección escénica a Alexandre Rossero; aunque no lo conozco como hombre de escena, Alejandra cuenta con mi confianza por entero y una de sus atribuciones es, sin duda, acompañarse de la persona que ella precise. No obstante, yo necesitaré a alguien de mi entera confianza también para que me acompañe y me haga un marcaje más personal.

17 de marzo de 2017

Macario Muuch / 2.

Ilustración: Gabriela Rodríguez Quirarte.
Te pienso de nuevo... últimamente, pensarte es cosa de todos los días. Macario Muuch, ¿por qué Macario Muuch?, me preguntas. Es una especie de guiño, digamos, lingüístico: muuch, como sabes, es una palabra en lengua maya que suele traducirse al español como "rana" o "sapo". A quien te conozca, luego de haberte leído de la mano y la pluma de Rulfo, sabrá que no es difícil imaginarte sentado en cuclillas como una rana o un sapo enorme aguardando junto a una alcantarilla a que salgan las (otras) ranas para apalcuacharlas, como dices, a tablazos por órdenes de tu madrina.

Es un juego: báaxal... Sí, "juego" en maya se dice báaxal... eso creo. ¿Yo cómo me llamaría?, pues, no sé: ¿báaxalmáak?; algo así como quien hace el juego: "el jugador". ¿Sabías que en inglés, francés o alemán, tres modos distintos de pensar y decir los muchos mundos que es el mundo, "actuar" se puede decir igual que como se dice "jugar": play, jouer y spielen? Desde que lo descubrí no he dejado de pensar en que lo nuestro, lo tuyo y lo mío, pero también lo que hacemos muchas y muchos de mis colegas y yo, no es sino jugar. Y, bueno, parte del juego es jugar a que en la maya, aunque ya exista un palabra como balts'am para designar lo mismo al teatro como fenómeno escénico que al texto dramático y por metonimia de ida y vuelta al que lo encarna; jugar, decía, a que en la maya se pueda decir "actuar" igual que como se dice "jugar": báaxal.

Y, como de jugar (báaxal) se trata, parte del juego-laboratorio de exploración actoral consiste en sumar a la experiencia contigo el caminar que a lo largo de los últimos tres años he emprendido de la mano de una técnica psicocorporal que me ha servido para enriquecer mi propio training como actor jugando; sí, un caminar que ha sido, también, un jugar: el Movimiento Vital Expresivo, técnica propia del Sistema Río Abierto; fundado en 1966 por María Adela Palcos... del cual te hablaré más adelante con más calma y espacio. Y, en ése jugar, quiero ir haciendo una búsqueda sonora en la que toda la musicalidad del juguete escénico tenga como instrumento mi propio cuerpo y las muchas voces (y sonidos y silencios) que mi cuerpo es.

¿Cómplices? Sí que las tengo. Más que eso, compañeras y uno que otro compañero de viaje, de juegos. Al primero ya lo conoces: Lalo. En este diálogo con el Sebastián-actor de 1998 del que te hablé antes, que es también un diálogo con el tú-yo de hace casi 20 años, es fundamental verme y hablar con Eduardo; por eso he viajado reciéntemente a la ciudad de Cuernavaca, en Morelos; para retomar el trabajo con él. De la mano y la mirada de Lalo irá urdiéndose la primera capa de esta especie de cebolla escénica, la primera muñeca de esta mатрёшка performativa que tiene como punto llegada, si de viaje hablamos, el 16 de mayo: el cumpleaños número 100 de Rulfo.

No, allí no acaba el viaje contigo; allí comienza. Entre el 1 de febrero (y aún antes, desde que te vengo pensando en lo que lleva el Siglo 21 de estar andando), hasta el 16 de mayo, el viaje-juego consiste en reencontrarme contigo y, ya juntos, iniciar un nuevo viaje-juego. No ya el viaje-juego fraterno, de complicidad masculina, entre hombres: Eduardo, tú, yo; sino un viaje-juego sororo, de complicidad femenina. ¿Por qué? Porque tú y yo, querido amigo, estamos alienados en nuestra condición de hombres; somos ajenos de nosotros mismos, no sabemos todo lo mucho que somos: nos desconocemos. ¿No es verdad que a ti Felipa y tu madrina te completan? ¿Quién es Macario sin su madrina? ¿Quién es Macario sin Felipa? Pues a mí me pasa igual, querido: me siento incompleto, y, como tú, sufro mucho por ello; y, como tú, sólo encuentro paz y regocijo en mis felipas, y límite y acicate en mis madrinas.

La sororidad, querido Macario, es como la  fraternidad; pero, en lugar de que sea entre hombres, sucede entre mujeres. Para el cuidado entre mujeres también hay otra palabra: affidamento. Suena bien, ¿no?: cuidarse entre mujeres como se cuidan las mujeres. Sí, digamos que cuando Felipa te cuida, de algún modo, seguramente sin saberlo, lo que hace es affidamento; sólo que el affidamento es de ida y vuelta: de mujer a mujer. Los hombres no sabemos de affidamento, de cuidarnos como se cuidan las mujeres entre ellas; mucho menos de cuidar a las mujeres como ellas nos cuidan. Como que esa parte está en algún lado de nuestro ser escondida; junto, quizás, donde está escondida nuestra parte femenina que, se dice, también tenemos.

Así, pues, además de Eduardo, quien nos hizo caminar juntos a ti y a mí en 1998, cuando el Zero estaba por cumplir sus 20 años de ¿existencia?, he comenzado a reunir un equipo de colegas que, según yo, me ayudarán a revestir de sororidad tu palabra. De sororidad, sí. En este juego-laboratorio en el que no sólo quiero explorar ése ser actor-personaje que, para decirlo con De Tavira, somos tú y yo en esta bifrontalidad que somos, sino también el actor-operador de la escena que propone Deleuze para ser retomado luego por Chevallier, quiero hacer un viaje también, por decirlo de algún modo, sexogenérico, y hacer un juguete escénico sororo: de hermandad femenina. ¿Es posible, tratándose de un texto claramente cargado de una sexualidad masculina? ¿Es probable, tratándose de un actor y no de una actriz? Mi hipótesis es que sí. Parto de la idea de que en cada ser humano está sintetizada esa diversidad que la mirada cisgenérica ha reducido a la coexistencia de un lado masculino y un lado femenino, donde uno de los dos lados ha terminando perdiendo frente al otro. Allí radica la diferencia de este montaje con otros que se hayan hecho antes de este mismo texto.

10 de marzo de 2017

Macario Muuch / 1.


Ilustración: Gabriela Rodríguez Quirarte.
Estoy frente al ordenador resolviendo algunos detalles de cara a la producción de mi proyecto personal más reciente: Macario Muuch. Escribo para mí, a modo de bitácora de trabajo, pero no solamente; escribo también para las y los improbables lectores y lectoras del rincón virtual que es Tlatulteketke... quien quita y en un futuro no muy lejano sean, también, espectadoras y espectadores del juego escénico que resulte cuando lleguemos a puerto.

Macario Muuch. ¿Cuánto tiempo has caminado hasta ahora para, por fin, poderte subir a las tablas? ¿Recuerdas cuando te llamabas Macario Mösiehuali y en lugar del maya en el que quiero hacerte latir ahora intenté que tu respiración fuera en el náhuatl de Tetelcingo? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? ¿20 años? No, los casi 20 años que llevamos caminando juntos, querido Macario, son los que se contarían desde el día aquél que me permitiste prestarte la voz con la guía de Eduardo, ¿te acuerdas? Sí, Eduardo López Martínez, mejor conocido en los submundos de la música que algunos llaman trova mexicana como Lalo "El Guajolote". Sí, Lalo; quien hiciera las tablas con Enrique Ballesté en Papá está en la Atlántida, de Malpica, bajo la dirección escénica de Jesús Coronado: la última aventura como actor de Enrique, antes de Blackout.

Quizás era necesario que viniéramos a Yucatán, querido amigo; o, que Rulfo, tu Juan Rulfo, llegara al centenario de haber nacido con más de 30 años de haberse muerto. No lo sé.

Sí, claro que pienso celebrarlo. De eso se trata el traerte de vuelta. La idea, como cuando te soñaba en mösiehuali, es que seas bilingüe y tu público, si bien pueda ser también de adultas y adultos, sea sobre todo de adolescentes. ¿Niñas y niños? No lo sé. Creo que terminará siendo algo así como un juego escénico para adolescentes y jóvenes "Clasificación B15". ¿Quién te manda andarte prendiendo con tanta fruición y asiduidad de los bultos esos que Felipa tiene donde tenemos solamente las costillas?

Sí, el proyecto inicial es un laboratorio; cuando lo registré para contender por un apoyo del Fondo Municipal para las Artes Escénicas y la Música, así lo presenté... bueno, a decir verdad, lo presenté tanto para Investigación como para Producción; a final de cuenta me trataron como si hubiera sido un proyecto de Promoción: me recortaron más de la mitad del apoyo solicitado y, como si ello no demeritara la calidad de los compromisos ofrecidos en el proyecto original, en la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad Capital Americana de la Cultura se limitaron a reducir el número de representaciones comprometidas.

De cualquier modo, estoy entusiasmado; la ocasión anterior que intenté traerte a las tablas de nuevo fue, no sé, ¿hace tres años?, y no quedamos. Ahora sí y vamos solitos, sin el David que mi admirada y apreciada Blanca Doménech escribiera en su Punto muerto. Ni modos. Esta vez, la exploración de mis propias masculinidades, cuestionando mi ser machista, te tiene sólo a ti como piedra de toque.

No, ése no es el punto de partida; el punto de partida es ir a tu encuentro. Desempolvándote, primero, y vistiéndome de ti, después, con la dirección escénica de Eduardo como guía. Un viaje; de ida y de regreso. De ida al Sebastián que fui hace casi 20 años, en 1998 (el año en que nació Adis Eduardo, mi hijo); al Sebastián que soy ahora, en 2017. Claro, no sólo me refiero al Sebastián actor; también hablo del Sebastián que es muchos otros sebastianes. Un Sebastián múltiple. ¿Un Sebastián esquizoide? ¿Un Sebastián interdisciplinar? Un Sebastián... Macario.

Sí, contigo de la mano, además de celebrar el primer centenario de tu autor, el próximo año (2018) celebraré dos décadas de caminar las tablas contigo y de ser padre... que ha sido otra manera de ser hombre. Sí, también, a mi modo, celebraré los 40 años de existencia del Grupo Cultural Zero, considerado por el investigador Donald H. Frischmann como uno de los colectivos teatrales más representativos del teatro popular mexicano en los ochenta y noventa. Pero eso, querido amigo, es harina de otro costal.

27 de enero de 2017

Trump, ¿fascista o simple bullyador?

Termina el programa eufemísticamente llamado mesa de debate. Una etiqueta ("hashtag", que le dicen: #MéxicoEnLaEncrucijada) pretende servir de idea llave para invitar al televidente a pensar que la cosa está, para decirlo en términos academicistas, de la chingada.

Una sola mujer en el club de Toby y eso porque es la moderadora; otra en las llamadas, y párele de contar.


El ex canciller y el ex vocero presidencial coinciden con los historiadores y los periodistas que el personaje de marras es un demente. Las voces tras los teléfonos van de la autopromoción y los baños de pureza del sector empresarial y religioso a los intentos de llevar agua a su molino y la insultante amnesia de la clase política, incluyendo los dos ex presidentes que iniciaron la sangría en que hoy está envuelta la nación entera.

Concluyen que el personaje de marras es un demente... ¿ya lo había dicho?; que sus tuits son una franca declaración de guerra y que pensar el cómo se responderá como país a ello exige hacerlo desde ése lugar: que esta es una guerra. Llaman, pues, a la unidad de todos los sectores y a resistir; pero, lo hacen de un modo que más bien pareciera que llaman a olvidar que fueron ellos y sus socios y/o patrones quienes tienen al país hecho jirones en su férrea defensa, ora desde la academia y los medios de comunicación, ora desde la administración pública, de un modelo de producción económica criminal con base en la explotación, el despojo, la represión y el desprecio.

Llaman, más bien, a aguantar.

Se preguntan: ¿quién podrá encabezar el llamado a la unidad y a la resistencia? La respuesta, al menos en lo que a unidad toca, se antoja imposible.

En cuanto a resistir el panorama es menos desolador; se puede, por ejemplo, caminar y aprender de quienes tengan más experiencia, por ejemplo, los pueblos indígenas organizados (que, dicho sea de paso, han resistido incluso a los mismos que estaban sentados a la mesa cuando desde sus revistas, canales de televisión y dependencias han justificado lo injustificable y sido cómplices del robo y la burla que el pacto nacional receta a los mismos pueblos indios): en las guerras llamadas de Independencia, de Reforma y de Revolución, los principales protagonistas fueron, siempre, los pueblos indios; sin embargo, quienes tomaban las decisiones tácticas y estratégicas, prefirieron, casi siempre, caminar en sentido contrario a los pueblos y a favor de los intereses de la burguesía, haciendo de la independencia un sueño, de la reforma el paso de la colonia criolla al capitalismo mestizo del siglo XIX y de la revolución un mal chiste.

Hoy, el país, si se mira a sí mismo, parece una hamaca rota a medio urdir. ¿Quién pondrá la sangre y el sudor: la vida?; parece que las y los mismo de siempre. ¿Quién obtendrá las ganancias?; parece que, también, las y los mismos de siempre.

Por lo pronto, una pregunta flota en el aire y se desliza por las trompas de Estaquio hasta mi corteza cerebral: ¿no les da un poquito de vergüenza a todos estos tipos?

¿Con qué calidad moral nos hablan estos personajes?, ¿la de ser funcionarios foxistas?, ¿la de trabajar para la empresa de televisión que hizo de la presidencia de la República en 2012 su proyecto más ambicioso de eso que llaman "marketing" y del mismo presidente su mercancía más impresentable y no sólo por defectuosa?, ¿la de ser los empresarios que han encabezado la cruzada nacional por hacer del nuestro un país anclado a la miseria?; en fin, la de ser cómplices y en algunos casos hasta autores materiales de los crímenes del sistema-mundo capitalista en tierras mexicanas.

El problema no es Trump, o no sólo; el problema es el sistema-mundo criminal que lo produce. ¿Un bullyador?; no, no nada más: un fascista.

De ese tamaño es la amenaza.

Pero arriba, mientras tanto, la amnesia nada ingenua, el saqueo, la explotación, la represión y el desprecio, como el de esta mesa, continúan.

28 de diciembre de 2016

Esto no se acaba hasta que se acaba.

Estoy convencida de que el porcentaje de individuos de verdad malvados que hay en el mundo es pequeño, quizá muy pequeño, incluso ínfimo. Los auténticos culpables de que la vida pueda ser tan cruel y de que la Tierra se convierta en un valle de lágrimas son los tibios de corazón, porque esos sí que son legión, esos son muchísimos; esos quizá sean, por desgracia, la mayoría de los seres humanos (…)
Alfredo Llopico, un amigo con quien hablé de esto, me mandó dos citas maravillosas. Una es del Apocalipsis, en donde Jesús dice: “Conozco tus obras, sé que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”. Y la otra es de la Divina Comedia, de Dante, en donde, en el ‘Canto III del Infierno’, encontramos que las almas más despreciables son aquellas “que vivieron sin merecer alabanzas ni vituperio (…) que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que sólo vivieron para sí”. Siempre hemos sabido que los culpables del horror del mundo son los tibios de corazón. Malditos sean.

–Rosa Montero.


Dos mil dieciséis. Víspera del Día de los Santos Inocentes. Un mensaje vía WhatsApp del maestro Juan Ramón Góngora Alfaro, director de escena de La hija del rey, de José Peón Contreras, y titular del proyecto del mismo nombre producido por el Programa Nacional de Teatro Escolar (PNTE) en Yucatán, sirve de portador de la buena noticia: «Estimados compañeros: ya depositaron, desde ayer en la tarde. Metri me habló para informarme. Probablemente hasta en la tarde se refleje en la cuenta (…) por los tiempos de transferencia de banco a banco. Ya tenemos el pago de actores.» La felicidad, creo, se refleja en mi rostro. –¡Ganamos!, me digo. Siete minutos más tarde, José Ernesto Jiménez, productor ejecutivo del mismo proyecto, nos comparte la nota crítica que escribiera sobre nuestra puesta en escena el maestro Fernando Muñoz Castillo en el diario Por Esto!: nos hace pedazos.

La noticia del pago comienza a correr como pólvora en las redes sociales. Yo, recibo un correo electrónico de César Tapia, subcoordinador de Enlace con los Estados de la Coordinación Nacional de Teatro (CNT) del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBA), copia de la respuesta que le da a Luis Velázquez. Asunto: PAGO REALIZADO / FUNCIONES DE TEATRO ESCOLAR YUCATAN.

Luis Velázquez, jefe del Departamento de Teatro de la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta), escribe:
«Estimado Cesar: Te informo que el pago por las 80 funciones de la obra “La hija del rey”, la cual forma parte del Programa Nacional de Teatro Escolar en el Ciclo 2016 en Yucatán, ya ha sido depositado (…) el día de hoy 27 de diciembre del presente año. Agradeciendo como siempre todas tus atenciones me despido enviándote un cordial y afectuoso saludo, deseando que tengas un feliz y próspero año 2017.»
–¿No que el depósito se había hecho desde ayer? –me digo–. Estos cuates mienten como si respiraran hasta por las cosas más pequeñas.

Leo la respuesta de César Tapia, de la cual manda copia también al antropólogo José Alejandro Pérez López, director de Desarrollo Cultural y Artístico; Gerardo Hansen Mena, director de Administración y Finanzas, y, aunque no se le menciona, a Jorge Escobedo, coordinador del PNTE en Yucatán, los tres de Sedeculta; además de al mismo maestro Juan Ramón y otro correo de enlace de la CNT-INBA que supongo es el de Alma Rosa Castillo, responsable del PNTE en la CNT-INBA:
«Estimado Luis Velázquez, buena noticia, agradezco el aviso y las gestiones y a todos su paciencia. Seguimos en contacto para la programación de las diez funciones restantes. Reciban todos un fuerte abrazo y en espera que 2017 nos colme de retos y proyectos en beneficio del teatro en Yucatán. Felices fiestas.»
Estoy cansado. No ha sido, para nada, una batalla ardua ni larga; pero, la presión ha estado a tope desde el momento en que decidí hacer la denuncia pública porque no se nos había pagado. –¡Ganamos!, me repito. No obstante, no consigo quitarme este mal sabor de boca. –¿Por qué?, me pregunto, mientras pienso en el (breve) camino recorrido.

«En mi pecho la cólera no cabe»


21 de diciembre. 13h09. En la parcela (algunos le llaman cuenta) personal que tengo en el feudo Zuckerberg (el Feisbuc, que le llaman) escribo, palabras más, palabras menos, que nuestro pago por las 80 representaciones de La hija del rey no ha sucedido y menciono a Roger Metri, titular de la Sedeculta, Alejandro Pérez López y Luis Velázquez como responsables directos de la demora. Al apunte (post, le llaman algunos) reaccionan (para decirlo en argot feisbuquero) más de 50 de mis contactos, cuatro de ellos dejan su rastro en el cajón de comentarios, 25 lo comparten; uno de ellos, Genaro Payró, actor protagónico de la puesta en escena de Juan Ramón Góngora, compañero de aulas y de tablas, quien hace lo propio agregando su propia voz y la de su personaje:
«Que alguien me responda que otro montaje ha cumplido con la meta de dar 80 representaciones en tiempo y forma, dando funciones en Mérida y varios municipios de Yucatán, mañana, tarde y noche, sin comer, ni dormir bien, trabajando más de 8 horas diarias, y claro, con escasa posibilidad de un ingreso de verdad. Hoy, 21 de Diciembre, es prácticamente oficial que nueve familias de actores no tendrán una grandiosa navidad por culpa de algun@s dis-funcionari@s públicos. Nueve pagos que saldrán, básicamente, hasta el año que viene. ¿porqué no antes, compañeros, les daba miedo que les fuéramos a ROBAR todo el dinero y no diéramos las funciones? En mi pecho la cólera no cabe.»
22h13. Comparto el apunte de Payró, “reaccionan” poco más de 40 de mis contactos, otros cuatro de ellos dejan muestra de su paso en los comentarios, la mayoría en la madrugada del 21 al 22 de diciembre, y lo comparten 20. Enrique Olmos comenta: «Hay que movilizarnos; estas actitudes de los funcionarios que no funcionan dañan un programa de alcance nacional.» Respondo: «Hagámoslo.», sabiendo muy bien que ése tendrá que ser el siguiente paso a dar luego de la jugada mediática que, estoy seguro, no arderá por mucho. Urge pensar en la estrategia que haga correr nuestra voz fuera de las redes sociales.

22 de diciembre. 0h44. Desde Baja California, Michelle Guerra Adame, directora de La nave, de José Luis Pineda Servín, con el Colectivo de Teatro en Espiral, proyecto hermano también ganador del PNTE 2016, me pregunta si ya comenté lo del pago con Karina de la Cruz o César Tapia:
«A nosotros, en Baja California no nos apoyaron con la vinculación con las escuelas y nos están pagando apenas hace tres semanas (creativos) y al elenco apenas el viernes (día de la última función) se depositó la mitad, con la promesa de que se nos pagará la otra mitad el día 30. Fue muy difícil llegar a la meta, principalmente porque el estado no sabe operar el programa. Karina y César me ayudaron mucho con los funcionarios de mi estado, y cuando le comenté mis problemas a César, el me dijo que debemos estar en contacto con ellos para que ellos puedan regular como maneja el programa el estado.»
Veo el mensaje de Michelle en la mañana, hora y media más tarde me comparte números telefónicos y correos electrónicos y no puedo evitar pensar en que esta comunicación debería tenerla Juan Ramón en tanto titular del proyecto y director de la puesta en escena, y no yo.

–Los estados tienen el dinero desde hace meses –me dice–, no tienen porque no pagarte. Yo he batallado mucho con los encargados en mi estado, también terminé las funciones.

–Sí, lo sabemos; pagaron ya todo a todos... menos a las actrices y los actores (…) Muchas felicidades. A nosotros ni un solo centavo.

–Hay que decirlo, la coordinación puede hacerles la observación si tiene por escrito lo que sucede. Yo también espero que el 30 nos paguen el resto.

–Pues a esperar; pero, no de brazos cruzados. Muchas gracias.

–Claro. Que todo salga bien. Un fuerte abrazo. Cualquier cosa que necesiten, los apoyamos desde acá. Abrazos.

–Muchas gracias; igual ustedes, nos dicen y cerramos filas.

–Gracias. Seguimos en contacto.

Voy a mi llamado en el rodaje de El vuelo del topo, cortometraje cuya realización está encabezada por Marco Martín Monforte, Amaury Alonzo y Daniel Canto en el marco del Festival Internacional del Globo Yucatán 2017; la cabeza me da vueltas con cómo me comunicaré con la CNT-INBA.

13h26. El maestro Juan Ramón Góngora me manda un mensaje vía WhatsApp casi telegráfico: «Muy molesto con la situación de los pagos. Me preocupa la situación económica de algunos de nosotros.» No recuerdo si lo leí apenas llegando o después: estoy concentrado escribiendo la carta para la CNT-INBA.

13h50. He escrito la carta. Quiero, no obstante, que sea también una carta abierta denunciando públicamente no nada más la demora en nuestros pagos; es, pues, un recuento de los avatares para estrenar, dar funciones (una de ellas en el teatro que lleva el nombre de nuestro mismo autor: José Peón Contreras) y cumplir las metas comprometidas ante el PNTE como consecuencia del retraso no sólo de nuestros pagos, sino sobre todo del recurso para la realización de la escenografía y el vestuario. Terminada la carta, leo o releo (no lo recuerdo) el mensaje del maestro Juan Ramón: –¡¿«nosotros»?! –me pregunto indignado–, a ti ya te pagaron, mi querido Juan Ramón –le digo con sorna a un Juan Ramón con el que hablo en mi imaginación. Sin responderle al Juan Ramón verdadero envío la carta por correo electrónico a la cuenta que me compartió Michelle Guerra y que tengo entendido revisará César Tapia. Le contesto el mensaje a Juan Ramón: «Acabo de enviar una carta a César Tapia, de la Coordinación Nacional, y estoy por enviarla a medios nacionales.»

Juan Ramón me habla por teléfono, me repite que está muy molesto por el hecho de que no nos hayan pagado y que está de acuerdo con lo que estoy haciendo: –Yo se los advertí –dice–, les dije que esto iba a pasar si no nos pagaban; que se atuvieran a las consecuencias… No sé si dice algo más, en mi cabeza brincan algunas preguntas que no hago: ¿Se los advertiste? ¿Qué les advertiste, Juan Ramón? ¿A quién? El maestro Góngora me saca de mis pensamientos cuando dice, de nuevo, que está preocupado por la situación económica de algunos; ya no dice «nosotros»; ofrece prestarme 3 mil pesos, luego confiesa que se trata de un ofrecimiento de Alicia García, mi compañera de escena que encarna al personaje de Guiomar; rechazo, agradeciéndolo, el ofrecimiento: quiero mi pago por mi trabajo. Al despedirse, Juan Ramón me pregunta si puede leer lo que dice la carta; contesto que sí, cuando se haga pública. Doy click al botón de enviar, la carta va a la revista digital Soma. Arte y Cultura, cuyo director, Ricardo E. Tatto me ha recordado que en Soma tengo las puertas abiertas para hacer pública mi palabra.

Se cumplen 19 años de la masacre en Acteal, acontecimiento que personalmente me es muy significativo por diversas razones. Me siento ridículo denunciando la tardanza de nuestro pago en tanto pienso en las imágenes y recuerdos que tengo en torno a Acteal y las 45 personas, hombres, mujeres, ancianos y niños asesinados por un grupo paramilitar priista. La sensación de ridículo se va desvaneciendo: –Es nuestro derecho, me digo. Y, de pronto, una analogía me salta a la memoria: Hace 19 años yo hacía teatro con recursos propios contra viento y marea con el Grupo Cultural Zero; las funciones me las pagaban a 500 pesos cada una. Tres años más tarde ingresé al Centro Universitario de Teatro de la UNAM y cuatro años después egresé de mi alma mater para ser considerado un actor profesional por un academicismo más mamón que teatral que desprecia mi trabajo de por lo menos diez años atrás, y hoy, 12 años después, estoy peleando por un pago similar. ¡Dos décadas y el Estado mexicano, priista por más señas, vístase del color con que se vista, me paga la misma cantidad por función que yo obtenía por mi trabajo independiente con uno de los otrora grupos más importantes del teatro popular en México, y, todavía, para acabarla de amolar, no sé quién en la Sedeculta me está regateando mi pago!

«De vez en vez algún artista»


23 de diciembre. 12h35. Ricardo E. Tatto me avisa que de un momento a otro se publicará mi carta en Soma. Espero conocer la URL para compartir el enlace en “mis” redes sociales. También: espero, de espera, la burla y el silencio; espero, de esperanza, la solidaridad de propios y extraños. Tengo la URL, la comparto en el feudo Zuckerberg: parcela personal, fanpeich, grupos de colegas en la escena local, nacional y continental y las parcelas (cuentas) de Alma Rosa Castillo y Antonio Crestani, director general de Vinculación Cultural de la Secretaría de Cultura federal: Toño fue mi maestro en el CUT-UNAM, su firma da validez oficial al diploma que se me extendió cuando terminé mis estudios superiores en actuación; espero, igual, su apoyo. Quien responde a mi compartición es Alma Rosa:
«Estimado Sebastián créeme que lamentamos la situación pero efectivamente tiene tiempo que el recurso se encuentra en el Estado obvio que hemos intervenido para agilizar su salida sin embargo cada uno de los estados de la Federación tiene su propia miscelanea fiscal que nos rebasa, sobre todo cuando son Secretarias de Cultura, cómo es el caso, se vuelven entidades centralizada de un gobierno, es decir, tiene que pasar por una Secretaría de Finanzas etc etc. No nos lavamos las manos, ni tengas la idea de qué tenemos actitud de "yo ya cumplí", "a mi mis vacaciones" "yo ya cobré". Hemos insistido y no quitaremos el dedo del renglón hasta que esto haya sido solucionado. Los recursos que se reetiquetaron son los correspondientes al pago de asesoría y derechos de autor. Un abrazo solidario, lejos pero no distantes.»
13h43. Mensaje nuevo de Juan Ramón: «Hola buenos días. Ayer como a las 5 pm me contactó César Tapia por teléfono para preguntar qué estaba pasando y largamente expuse la situación.»

13h56. Yo: «Y, ¿harán algo?»

17h19. Juan Ramón: «Que ya había hablado a Mérida para recomendar el pago inmediato.»

23h39. Mensaje de Ricardo E. Tatto; me comparte que la carta lleva 1 mil 223 vistas hasta ése momento (mientras escribo estas líneas habrá alcanzado las 3 mil 156 vistas, luego de haber sido compartida casi 100 veces): es la publicación de Soma más leída de esta semana en el portal. –Ojalá llegué a los ojos indicados –me dice–. Y, ojalá se resuelva.

24 de diciembre. 7h35. Comienza el fuego amigo. El director y productor Óscar López, publica en parcela del feudo Zuckerberg:
«De vez en vez algún artista es vejado por la institución cultural que debería apoyarle, de vez en vez ese artista protesta y levanta la voz en su muro, pero muchos de esos artistas nunca los vi protestando por otras causas, ahora se quejan por que les afecta, pero allí los veré participado en el Wilberto Cantón por unas funciones mal pagadas y cuando la institución quiera. Les recuerdo que el funcionario que fue grosero ya había sido cesado de su cargo y el actual secretario lo reinstaló, el actual secretario en su último período en cultura del ayuntamiento no tuvo un desempeño muy satisfactorio que digamos, los teatros son salones de fiestas cerrados para la comunidad, sin proyectos de producción, sin programas de actualización, bueno... tantas cosas por las que podríamos levantar la voz… pero bueno hagámoslo ahora por los compañeros de Teatro escolar que no han cobrado, que, cuando cobren regresarán al silencio cómplice.»
Mi primera reacción es de molestia y de no terminar de entender la posición de López: ¿qué le encabrona?, ¿por qué juega a volverse un juez moral de nuestra denuncia pública y en su golpeteo, disfrazado de autocrítica, le hace el juego a la Sedeculta? La molestia no cesa, pero doy paso a otro pensamiento: no me queda el saco de sus acusaciones. «(A) muchos de esos artistas nunca los vi protestando por otras causas, ahora se quejan por que (sic) les afecta», no es mi caso; en cambio a él no lo recuerdo saliendo a las calles prácticamente por nada. «Allí los veré participando en el Wilberto Cantón por unas funciones mal pagadas y cuando la institución quiera», no es mi caso; tengo más de tres años que no participo como actor ni como director en festivales municipales ni estatales donde él sí se presentó. «Cuando cobren regresarán al silencio cómplice», nunca, ni antes ni ahora ni después, es mi caso.

8h36. Mi respuesta:
«Al que le quede el saco que se lo ponga. Hay quienes siempre hemos levantado la voz y hemos intentado organizarnos con otros para que esa voz suene más fuerte, por ésta y otras injusticias, arriba y abajo de las tablas; las pruebas están en los medios en que hemos escrito y no sólo en la parcela que llenamos de memes en el feudo Zuckerberg. Hay, por otra parte, quienes lo hicieron y su voz fue silenciada con las migajas que la institución daba, ora en apoyos, ora en becas, ora en producción para la obra de teatro que se presentó a una convocatoria en nombre de la compañía estatal de teatro y le dieron el recurso de otra, y su virulencia de antes se edulcoraba mientras iban por las tablas con su etiqueta de multibecarios calladitos hasta que les quitaran de nuevo el apoyo y, entonces sí, les volviera la dignidad a la voz y a la palabra. Y, sin embargo, con historial o no de protesta; con historial de hacer ruido cuando no le dan su migaja y de guardar silencio cuando sí, ¿pierde su derecho a levantar la voz?; más aún, ¿es menos injusta la injusticia con que le tratan? La institución y sus funcionarios nos tratan como se les antoja porque a estas respuestas hay quien responde: sí, y al silencio cómplice de otros suma un cinismo hipócrita que se muerde la lengua con cada palabra. Si hemos sido unos u otros, es tiempo de dejar de serlo; ¿o no? Por lo pronto, ya podemos adivinar la sonrisa burlona en el funcionario que observa cómo nos peleamos entre nosotros.»
9h42. La coreógrafa y bailarina Lourdes Luna se sube al ring de la publicación de Óscar López y apunta sus baterías hacia la Red Alterna.

11h24. Correo electrónico de César Tapia con copia a Juan Ramón, Luis Velázquez, José Alejandro Pérez, Gerardo Hansen y alguien del PNTE de la CNT-INBA, quizás Alma Rosa. Me disculpo de antemano por citarla en extenso, pero creo que es importante darla a conocer por entero dado que se trata de la posición oficial de la CNT-INBA (pero, igual, quien no desee leerla puede saltársela):
«Estimado Carlos Sebastián López Cruz,
«Agradecemos su comunicación, le comento que el día jueves 22 de diciembre sostuve una conversación telefónica con su director el Mtro. Juan Ramón Góngora, a quien la compañía estableció como enlace hacia las instituciones y con el cual intercambié comentarios referentes al tema, esto posterior a una comunicación que sostuve con SEDECULTA. De lo conversado con el Mtro. Góngora se encuentra la fecha para la realización del pago de las 80 funciones programada para el 29 de diciembre, fecha otorgada por la Secretaría de Finanzas del Estado al SEDECULTA, asimismo comentamos sobre la cancelación de 5 funciones que menciona en su correo (mismas que serán cubiertas) Quedando pendientes las 10 funciones adicionales que se lograron con el recurso asignado al Programa y que no se utilizó para el rubro de derechos de autor y gastos del asesor por lo tanto se reprogramó para incrementar el número de funciones esto a propuesta de Luis Velázquez de SEDECULTA.
«Estamos al tanto de las diversas situaciones que se han presentado en el desarrollo del Programa Nacional de Teatro Escolar 2016 en el estado de Yucatán. Antes que nada y de manera sincera les agradecemos siempre a todas las compañías de todo el país, la entrega y compromiso para llevar a cabo este Programa en cada uno de sus Estados, esto sin duda es un trabajo en conjunto, tanto compañías, instituciones estatales (Cultura y Educación) así como la Federación, nosotros desde la federación trabajamos en planeación, seguimiento y ejecución durante todo el año, desde el diseño de convocatoria, conformación del Comité de Selección integrado por profesionales y especialistas en teatro para niños y jóvenes, apertura y cierre de las 32 convocatorias lanzadas en cada Estado así como las reuniones de deliberación, en la cual el Comité seleccionó la obra “La hija del Rey” ya que el proyecto contaba con el sustento suficiente para formar parte del Programa y SEDECULTA tomó esto con gran entusiasmo por el significado de ser autoría de José Peón Contreras, con esto último no pretendo defender a la institución sino hacer del conocimiento de ustedes acciones que derivado de la situación que atravesamos empañan acciones manifestadas de todas las partes.
«El Programa en cada Estado es perfectible, nosotros creemos en el trabajo en conjunto, nos interesa generar vínculos y comunicación con instituciones y compañías que nos permita depurar procesos para que todo resulte de la mejor manera, y que todos hagamos nuestro este Programa que ha sido tan beneficioso y generoso en muchos sentidos, sin embargo no dejamos de lado las situaciones que de acuerdo a la estructura y reglamentos que las instituciones estatales y federales se tienen que sortear en materia administrativa, de procedimiento y/o burocrática, seguiremos trabajando con SEDECULTA para dar seguimiento al pago de las funciones y les solicito corroborar (…) si se ve reflejado antes de la fecha que le menciono al inicio del correo.
«En el caso particular vamos a recabar la información que corresponde a situaciones, decisiones y acuerdos tomados por todas las partes para poder hacer un balance de lo sucedido y que sin duda nos servirá para la mejora del PNTE en el Estado así como dar seguimiento la salida del recurso de las últimas 10 funciones para evitar en lo posible se repitan este tipo de situaciones en esta y ediciones futuras.
«Agradezco de antemano su comunicación y su atención al presente, seguiremos en contacto con el Mtro. Góngora para dar seguimiento del caso.
«Un abrazo y una sincera disculpa en la demora de este correo.»
12h30. El director y promotor Bryant Caballero se sube igual al ring de la publicación de Óscar.

Lo dicho por Óscar tendrá a lo largo del día casi 30 “reacciones”, una serie de comentarios que irán del intento de seriedad y las acusaciones mutuas al franco pitorreo y se compartirá tres veces. Leo los comentarios. Leo la carta de César Tapia. Los unos se me figuran un lastimero muestrario de lo que como amorfa comunidad escénica somos. La otra me parece que es el no tan velado espaldarazo de la federación al uso que de dineros públicos federales hace una secretaría estatal de cultura, botón también de muestra de cómo opera la red de lo institucional y lo burocrático para cubrirse las espaldas unos a otros en nombre de “buenas acciones empañadas por la situación que atravesamos”. La pregunta que queda en el aire es: ¿a quién le quiere cubrir las espaldas Tapia? Quizás lo mencione en su propia carta.

«Sensibilidad y premura»


Decido velar mis armas. Pongo mi atención en el encuentro “L@s Zapatistas y las ConCiencias por la Humanidad”, convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional; en la huelga de hambre en Nueva York de don Antonio Tizapa, padre de Jorge Antonio Tizapa Legideno, uno de los 43 estudiantes normalistas rurales de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, y en que alrededor de 8 mil trabajadoras y trabajadores del INBA y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) seguían sin recibir sus aguinaldos. El 25 de diciembre, como si se adelantara el 28 con sus bromas amargas, trasciende que la Secretaría de Cultura federal estará encabezada por la señora Beatriz Paredes, ex gobernadora de Tlaxcala y ex dirigente de un PRI que bajo su dirección (como bajo otras) apostó, ora en los congresos locales y de la Unión, ora en los poderes ejecutivos estatales y municipales con su color, por leyes lesivas a derechos fundamentales de quienes sobrevivimos en este país.

26 de diciembre. 10h42. Han pasado 27 meses desde la masacre en Ayotzinapa en la que seis personas, entre ellas tres estudiantes normalistas rurales, fueron asesinadas; dos, estudiantes también, quedaron gravemente heridas, y 43, igual estudiantes, fueron secuestradas por elementos de la policía municipal con participación de las policías estatal y federal y con la connivencia del ejército federal y hasta la fecha continúan desaparecidas. Es día, también, del arranque del “ConCiencias por la Humanidad” en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Finalmente, la Red Alterna / Agrupación de Artistas Escénicos se manifiesta públicamente a favor del pronto pago a las actrices y actores de La hija del rey; pero, no sólo:
«sino el alto a estas prácticas normalizadas, que obligan a los creadores a cumplir sus obligaciones sin contar previamente con los recursos ni las condiciones mínimas para lograrlo. Lo hacemos convencidos de que, solo gozando de condiciones dignas de trabajo y en la colaboración entre artistas, gestores culturales, instituciones, funcionarios lograremos garantizar el derecho al arte y la cultura para todos los ciudadanos.»
27 de diciembre. 0h47. Comparto la declaración de la Red Alterna anunciando que la CNT-INBA nos ha pedido que confiemos en que Sedeculta nos pagará el 29 de diciembre.
«Personalmente –escribo–, dudo mucho que Sedeculta cumpla su palabra, pues, a lo largo de estos meses sus titulares no han hecho más que prometer fechas que sistemáticamente han ido aplazando. No obstante, no queda sino esperar. El tiempo, sin embargo, corre: en 48 horas se cumple el plazo para que cumplan. Esto no se acaba hasta que se acaba.»
10h55. Un mensaje vía WhatsApp del maestro Juan Ramón nos da la noticia: «Estimados compañeros: ya depositaron (…) Ya tenemos el pago de actores.» –¡Ganamos!, me digo. Una carta vía correo electrónico de Luis Velázquez a César Tapia contradice el mensaje de Juan Ramón diciendo que Metri le informaba que el pago se hizo desde el día 26. ¿Quién miente: Velázquez o Metri? ¿Acaso Juan Ramón? –¡Ganamos!, me repito. No obstante, no consigo quitarme este mal sabor de boca. –¿Por qué?, me pregunto. La respuesta está en ése ir y venir de publicaciones, comentarios y “reacciones” que hacen suponer que aquí no ha pasado nada; como el comentario del mismo maestro Juan Ramón a una publicación en vídeo de cierto mensaje navideño de Roger Metri, diciendo:
«Bienvenidos los buenos deseos de nuestro Sr. Secretario de Cultura y las Artes de Yucatán, Roger Metri, porque sé que a pesar de, habernos quedado muy mal Cultura Yucatán con los pagos a actores del PROGRAMA NACIONAL DE TEATRO ESCOLAR YUCATÁN 2016, tengo certeza de que hay la voluntad política para solucionarlo pronto.»
De poco o nada servía que, acto seguido, dijera que:
«Después de trabajar arduamente en ensayos y una temporada de 80 funciones, realizado todo del 15 de julio al 16 de diciembre, SEDECULTA y SECRETARIA DE ADMINISTRACIÓN Y FINANZAS no han cumplido con el pago a los 9 actores de la obra. A todos los demás que formamos parte del equipo ya nos pagaron. ¿por qué a los actores no, si son los que dan la cara, los que más trabajan, los que más se exponen, los indispensables? La razón creo es muy simple: no salió el pago a tiempo porque alguien no hizo el trámite a tiempo. Esa maldita desidia es la que ha lastimado a mi gente.»
Si después diría que:
«¡Muy contentos! Porque salió, por fin, el pago a los actores de "La hija del rey" de José Peón y Contreras. Muchas gracias a Roger Metri y directores de Desarrollo Cultural y Artísitco y de Administración y Finanzas de SEDECULTA por la sensibilidad y premura con que solucionaron nuestro problema. ¡Gracias! Ahora, a continuar el viaje con "La hija del rey" en 2017. #PNTE2016»
18h12 (Adivino la hora en que el maestro Juan Ramón publicó lo dicho en la cita anterior). ¿«Sensibilidad y premura»? ¿«Nuestro problema»? Una hora más tarde, Bryant Caballero se le iría a la yugular:
«Deberías agradecer a (…) los únicos dos actores que levantaron la voz para denunciar, porque de no ser por ellos nadie se hubiera enterado, ni movilizado, ni presionado. Por otro lado, cuando dices "nuestro problema" haces parecer que la compañía hizo algo mal cuando fue al revés. Y de la sensibilidad y premura de la institución no habría nada más Falso hasta parece una burla a la compañía; si pasó todo lo que pasó fue precisamente por la insensibilidad y dilación de la Sedeculta (…) Luis Velázquez y Roger Metri deberían pedir una disculpa pública por haber permitido que las cosas llegaran hasta tal punto y deberían comprometerse a operar el próximo Teatro Escolar, ahora sí, con sensibilidad y premura.»
Desde la fanpeich de La Hija del rey, Juan Ramón parece responder:
«Bryant: ¿quieres que mis actores se molesten conmigo? ¿Quieres que me pelee con SEDECULTA? ¿Crees que no he defendido mi proyecto y los intereses de mis actores y equipo? (…) Ni SEDECULTA es una mala institución ni nosotros fuimos sus víctimas: simplemente hay personas que esta vez no hicieron bien su trabajo y nos obligaron a resolverlo como mejor pudimos: negociando para nuestro bien, el del proyecto y el del Programa Nacional de Teatro Escolar.»
¿«Negociando para nuestro bien, el del proyecto y el del Programa Nacional de Teatro Escolar»? Tengo curiosidad por saber en qué consistió dicha negociación, pues, haya sido como haya sido, nos excluyó a quienes, a decir del mismo maestro Góngora Alfaro, somos «los que dan la cara, los que más trabajan, los que más se exponen, los indispensables». Me quedo, sin embargo, con una parte de la respuesta que le dio a Bryant Caballero: «Hay falta de precisión en los datos que expones: explicártelos me llevaría un informe que estoy a punto de entregar, como parte de mis obligaciones, a la Coordinación Nacional de Teatro. Lo consultas cuando puedas.» Yo, sin duda, solicitaré que dicho reporte sea público y le daré seguimiento a sus observaciones y recomendaciones. Esto no puede quedar en un «Usted disculpe» y todo seguir como si nada; es fundamental que el actuar de quienes usan dineros públicos estén bajo una contraloría ciudadana que, de no ser aprobada a cabalidad, determine la suspensión de sus puestos o la revocación de sus mandatos de aquellos funcionarios y servidores públicos que no sólo no estén haciendo su trabajo; sino que, además, caigan en malos manejos financieros como malversión o peculado.

Por otra parte, es urgente la organización, en principio gremial, de quienes somos trabajadoras y trabajadores de las artes y las culturas; no hay contralorías ciudadanas, ni presupuestos participativos, ni consultas y plebiscitos, ni revocaciones de mandato que valgan si no estamos organizadas y organizados. Hay un modus operandi priista que nos hace mantenernos aislados, cada quien rascándose con sus propias uñas y salvándose cada quien como puede. Padecemos de prácticas que, más de gobernanza, son de clientelismo: sí, la organización gremial, ya no se diga de clase, es urgente; pero, lamentable y en algunos casos trágicamente, se antoja imposible.

Colofón 1.


«Quienes hemos participado en este programa sabemos que es uno de los más nobles que se gestionan a nivel federal. También sabemos que desafortunadamente, cuando llega la hora de gestionarlo a nivel local las cosas se atoran una y otra vez y quienes terminan por salir más agraviados son quienes dan la cara al público y realizan el mayor y eficaz esfuerzo por sacar adelante las metas. Es decir, la compañía de artistas que concursó y que lejos de verse estimulada con un trabajo institucional recíproco, termina por suponer que se sacó "la rifa del tigre". Quienes ejercen la gestión pública, hay que admitirlo, no se están profesionalizando a la par que los creadores. Cuando se trabaja en colaboración con ellos es tristemente imposible confiar en que harán su trabajo debidamente. Algo tendría que suceder para ventilar estas situaciones de modo constructivo, como lo estás haciendo ahora. Lo verdaderamente siniestro sería que se perdieran estos programas en el Estado debido a la ineptitud o mala voluntad de algunos operativos institucionales que nomás no aprenden a hacer su trabajo, ni les importa, dado que cobran puntualmente sus salarios. Sería muy propicio abrir canales de diálogo público con los responsables de la política cultural del Estado. Ya se ha hecho en anteriores gestiones debido a momentáneos brotes de exigencia por parte de la comunidad. Es algo que no se debe dejar de hacer y en cada nueva gestión renovarse el ejercicio de diálogo público con ellos.»

–Juan de Dios Rath.

Colofón 2.


«En el caso particular vamos a recabar la información que corresponde a situaciones, decisiones y acuerdos tomados por todas las partes para poder hacer un balance de lo sucedido y que sin duda nos servirá para la mejora del PNTE en el Estado así como dar seguimiento la salida del recurso de las últimas 10 funciones para evitar en lo posible se repitan este tipo de situaciones en esta y ediciones futuras.»

–César Tapia.

11 de octubre de 2016

De niñ@s, topos y chanekes: tres maneras de nombrar a la esperanza.*

"Habituado a sobrevivir en un mundo concebido para los adultos,
el niño necesita la magia de la máscara.
Dársela es abrir la puerta a los recursos más dinámicos de su fantasía.
Muchas veces ni siquiera necesita ponérsela:
le basta con hacerla."

José Gordillo. Lo que el niño enseña al hombre.


A finales de 1996, Rocío Flores, coordinadora del Centro Juvenil Progreso al norte del municipio de Jiutepec, solicitó apoyo a Cultura Joven para la realización de una actividad en torno a la celebración del Miquixtli, el Día de Muertos, con un grupo de niñas y niños de la comunidad.

Cuentan los viejos más viejos que desde hace muchos años, cuando el tiempo no tenía memoria y la memoria no tenía tiempo, en las montañas vivían unos pequeños duendecillos que cuando fueron apareciendo los pueblos bajaron a conocer a los hombres y a las mujeres que dentro de sus casas estaban, y que en su conocerlos les hacían muchas travesuras.

Lo que se nos ocurrió fue instrumentar un taller de elaboración de máscaras, porque la sola presencia de ésta despierta curiosidad no sólo en las niñas y los niños sino también en sus mamás y sus papás. La máscara otorga algo así como una investidura de poder a quien la usa, liberándole, por una parte, de los propios prejuicios o complejos que ata su creatividad y, por otra, dándole la confianza de hacer lo que normalmente le daría vergüenza, pues, detrás de la máscara, no somos nosotr@s sino otro, quien actúa.

La máscara nos permite ver el mundo con otros ojos revelándonos el misterio de alguna realidad oculta, esto lo sabían l@s habitantes primeros de estas tierras que hicieron de ella un elemento imprescindible en la mayoría de sus danza-dramas, dándole de esta manera rostro a nuestros dioses y demonios.

Así, por la curiosidad que despierta, el descondicionamiento conductual que suscita y los misterios que revela, la máscara provoca en quien nos ve una sensación de respeto y temor siendo ésta acaso la razón por lo que la máscara está ligada a la imagen estética de la muerte.

Dicen que los chanekes no sólo en el mundo de afuera viven y que si uno se asoma a las mentes de las señoras y los señores, seguro encontraremos dentro a alguno de estos seres enanitos escondido entre los pliegues que hacen los recuerdos.

Al llegar a la comunidad eché un vistazo por aquel lugar donde lo más visible, después de la iglesia, era la cancha de basquetbol. Por ahí se encuentra la Casa de Cultura, un espacio pequeño sin vidrios en la mayoría de sus ventanas, con carteles o maquetas de plastilina ilustrando aparatos respiratorios o sistemas nerviosos y montones de libros de texto apilados junto a pupitres desgastados.

Allí fueron llegando Maribel, Karina, Samanta, Fredy, César, Max, Jonatán, Giovanni, Rocío, Cristian, otro César, al que le decían "Chalín"; otro Jonatán (o "Hamurabi"), David, Oscar, Kenia, Sonia, Isaac, Mariana, Unises, Erick, Sergio, Luis Antonio, Edgar, Soila, Misael, Héctor, Rosi, Francisco y José Abraham.

Desde el inicio, ell@s tomaron las riendas del juego; sí, del juego, porque aquello se convirtió en un juego, ¡qué digo uno, en muchos juegos!

Uno se da cuenta de que en la casa hay chanekes porque los objetos cambian de lugar, encontrándolos luego en otro sitio diferente a donde uno los dejó; también porque burlan a los animales haciendo, por ejemplo, que los gallos todavía estén cantando a eso de las nueve o que los perros le ladren alguien que no está; también se suben a los estantes de los libros y comen las letras, las palabras, las frases y hasta las páginas enteras dejando el papel en blanco. Pero lo que más les gusta hacer, es tomar las ideas de uno cuando todavía están en la cabeza para que las digamos aún cuando no habíamos pensado decirlas.

Poco a poco fuimos pasando de los cuentos, los dibujos y las manualidades a toda clase de juegos. Así, las narraciones acerca de la cosmovisión indígena y el miedo europeo del siglo XVI para con la muerte, pronto dió paso a Los Encantados o Las Traes; las manos que tallaron caritas en huesos de aguacate, se agarraron con fuerza de otros cuerpos en El burro entamalado, y los rostros que una vez estuvieron cubiertos con vendas de yeso, se llenaron de sudor durante las cascaritas de basquetbol.

Yo entendía que el juego, más que ser útil para el proceso educativo en l@s niñ@s, es en sí mismo -parafraseando a Gordillo- el agente formativo más importante de la vida y que la actitud "adulta" de discriminar los juegos es el primer síntoma decadente del ser humano moderno. Pero, también sabía que cuando el juego y quienes lo jugamos no tenemos claro sus límites, éste se vuelve tenso, desesperado y no son pocas las veces que falla en su tarea de reafirmación.

Busqué maneras para decirles que aquello (según yo) no podía seguir igual; pero, encontrarme con la sonrisa en sus labios cada que llegaba de nuevo me enredaba las explicaciones. Tenía que decirles que sólo nos quedaban dos semanas para que estuvieran hechas, vestidas y con movimiento nuestras máscaras; pero, escuchar las historias que sucedían entre las paredes de sus casas y ver que al contarlas sus ojos unas veces se iluminaban y otras se humedecían me atoraba las palabras en la garganta. Debía decirles que si no "le metíamos candela" no tendríamos a tiempo una historia que representara ante sus mamás y sus papás nuestra manera de ver y de pensar la muerte; pero, sentir aquellos brazos pequeñitos que se asían con fuerza a mi cuello, me contagiaba el ánimo de hacerles caballito a todas y a todos.

Los lugares donde más se encuentran los chanekes son aquellos que están cerca de los cerros o las montañas, que es donde tienen sus hogares. Cuando los pueblos van creciendo y es necesario construir en los cerros nunca está de más fijarse antes si hay o no hoyos que puedan ser las entradas y salidas para las casitas de estos seres diminutos, ya que si se construye encima seguro se tendrán visitas de los chanekes todos los días y todas las noches, corriendo el riesgo de que le tomen a uno el corazón y encariñarse con ellos.

Así que no conseguí decir nada y llegó la fecha en que en la Ciudad de México se realizaría el Congreso Nacional Indígena, donde participarían más de 250 delegad@s de 36 pueblos indios de todo el país. Esta era una de mis fechas límite, pues, formaría parte de los cinturones de seguridad que cuidarían sobre todo a la Comandante Ramona.

Otra de las facultades con la que cuentan los chanekes, es la de adquirir la apariencia del animal que deseen, y que la mayoría de las veces y sobre todo en estos tiempos, suelen convertirse en topos que hacen de la noche su casa y de la tierna furia su esperanza.

Ese mismo mes, comenzamos con la coordinación del autonombrado Taller Permanente de Artes Escénicas "Mitote", que quiso guardar en el costal sus anhelos, junto a los sueños e ideales. Así, la participación de tiempo completo en este grupo de teatro hizo prácticamente imposible que regresara a Progreso. En cuanto al taller, faltó una plática planeada con las abuelas y los abuelos para que nos hablaran de los significados que tiene para ell@s el culto a l@s muert@s, nos quedamos a la mitad en la elaboración de aquellas máscaras de papel maché que a más de uno lo hubiera hecho recordar las calaveras de Posada y, principalmente, se acabaron los días en que gritábamos, brincábamos y correteábamos hasta hacer que las mamás fueran a ver qué pasaba.

De todo esto han pasado ya 20 años. El asesinato masivo de hombres, mujeres, niñas y niños se volvió costumbre de los de arriba y el silencio la actitud de much@s de l@s de abajo. Viejos dictadores se convirtieron en senadores vitalicios en sus países. Enfermedades sin nombre o con nombres cada vez más raros cobran más vidas. Los partidos políticos siguen su modo de pasearse de uno a otro lado del espectro idem sin principios ni ideologías. Los gobiernos imponen, como siempre, sus mentiras por la fuerza. Por fortuna, los viejos más viejos siguen también contando historias de topos y chanekes que, con máscaras de esperanza -es decir, de niñas y de niños-, habitan el lado izquierdo de nuestros pechos.


* Publicado originalmente (con algunos cambios) en Generación Z, No. Cero, Abril-Mayo de 1998.

2 de octubre de 2016

2 de octubre no se... ¿qué?

“Nadie va a impedir que
pueda ejercer mi derecho a expresarme
en los 70 centímetros de democracia
que a cada ciudadano le corresponden”.
José Ramón García Gómez.

Septiembre ha llegado ya, por fin, a su fin; y, salvando la redundancia, la idea de la patria se va desdibujando del mismo modo artificioso con que se fue construyendo para llenar de banderitas y luces tricolores las principales arterias de las urbes y pueblos mexicanos. Pronto, muy pronto, el calendario festivo marcará la pauta de las nuevas vestiduras citadinas de clara inclinación, digamos, lúdicamente macabra y el papel picado de colores y las calaveritas de azúcar ocuparán el sitio que han abandonado las cornetas de cartón y los sombreros de ala ancha.

Sin embargo, entre una y otra festividad octubre se insertará con sus historias que nos hablan o, por lo menos, nos recuerdan que hay otra patria. Una patria distinta a la de los militares desfilando “pacíficamente” de cara a su comandante supremo y dizque en honor a esa misma patria. Una patria, sí, de soldados, pero adoctrinados en que resguardarla, a la patria, es sinónimo de reprimir a sus ciudadanos.

Hace 48 años, septiembre adelantaba lo que a octubre marcaría con la violación de la autonomía universitaria y la toma del Casco de Santo Tomás a manos del “glorioso” ejército mexicano. El 2 de octubre no vendría sino a convertirse en la cereza del pastel.

En su documental El caso Pinochet (2001), el cineasta chileno Patricio Guzmán entrevista, entre otras personas, a una mujer secuestrada y torturada por militares. Palabras más, palabras menos, ella preguntaba cómo podían Pinochet y las fuerzas armadas hablar de perdón, si quien tendría que perdonar no eran ellos, los militares, sino los hombres y las mujeres vejados por la dictadura; además, añadía, para perdonar se necesita que antes te hayan pedido perdón, y ni los militares ni el mismo Pinochet han pedido perdón, por el contrario, repiten una y otra vez que lo que hicieron estuvo bien.

¿Podríamos, en México, reconciliarnos con el ejército si ni siquiera se permite el claro esclarecimiento de su participación durante el período de la llamada “guerra sucia” o, más reciéntemente, en Tlatlaya o Iguala, y, al mismo tiempo, resguarda instalaciones petroleras para beneficio de las transnacionales extranjeras, no para el nuestro?

Con ese espíritu conciliador, por no decir de amnesia cómplice, que le caracteriza, Cuauhtémoc Cárdenas llegó a declarar que lo sucedido en 1968 fue responsabilidad de individuos y no de instituciones, y terminó exculpando a las fuerzas armadas. El mismo discurso han mantenido quienes encabezan los gobiernos neoliberales para justificar la filtración del narcotráfico en el Ejército, la Marina o la Fuerza Aérea.

La pregunta entonces es ¿por qué las instituciones castrenses no abren en definitiva sus archivos y declaran qué pasó y cómo pasó; quién dio la orden y quién la cumplió? Entonces también, la respuesta se adelanta: porque no fue un crimen realizado por personas en lo individual, sino un crimen de Estado. Un Estado cuyos detentadores hacen todo lo posible por cubrirse las espaldas, y donde casos como el Pemexgate, el Fobaproa, los Amigos de Fox, la represión en Atenco, el incendio en la Guardería ABC, la Casa Blanca de Peña Nieto o Ayotzinapa son sólo un breve muestrario de la impunidad vuelta moneda corriente en la justicia mexicana.

En su libro El tercer vínculo (1997), documento que se ha vuelto referencia imprescindible para entender la génesis del fenómeno de la militarización en México, Carlos Fazio sitúa el estrechamiento de la relación militar entre nuestro país y Estados Unidos en el intercambio de visitas entre el secretario de defensa zedillista, el general Enrique Cervantes Aguirre, y su homólogo estadunidense, William J. Perry. Unos meses antes, en Williamsburg, Virginia, se había llevado a cabo la Primera Cumbre de Ministros de Defensa de las Américas, supeditada a las reuniones que los presidentes de los países americanos, a excepción de Cuba, sostienen desde 1994 en el marco de la Cumbre de las Américas.

De entonces a la fecha nuestras fuerzas armadas no han hecho sino inclinar la cerviz ante Masiosare, el “extraño enemigo”, participando cada vez más de cerca de la estrategia de seguridad hemisférica dictada por Estados Unidos. De hecho, gracias el gobierno-del-cambio-ya-hoy-hoy-hoy-y-yo-por-qué, después de 40 años de fungir sólo como observadores, en la Conferencia de Ejércitos Americanos México adquirió el carácter de país miembro y se encargó de preparar la reunión de la Conferencia Especial sobre Seguridad de la OEA.

En Moctezuma II, de Sergio Magaña, el Caballero Tigre enfrenta a un Moctezuma Xocoyotzin que el jefe militar tacha de pusilánime: «¡Soy un jefe guerrero –dice– y la voluntad del pueblo debe ser guiada por la voz de los sacerdotes y por la clase militar!» Empero, unos minutos antes ya le había dado cuenta al antepenúltimo tlatoani mexica de lo sucedido en Cholula: el llanto, los gritos, los orines mezclándose con la sangre derramada y, finalmente, cómo salvó la vida arrodillándose ante Cortés. «¡Oh, qué valientes son los guerreros! –responde Moctezuma– y hace poco nadie los hubiera conocido (...) Hoy por fin quedo asombrado de su magnífica cobardía (...) Guerreros... nadie sacará palomas de los zanates.»


23 de septiembre de 2016

Arte, sí; armas, ¿no?

Todo comenzó porque Felipe Calderón Hinojosa, como ahora Enrique Peña Nieto, envió por conducto de su secretario de Hacienda y Crédito Público una iniciativa de presupuesto que reducía...… ¿cuánto?… ¿de cuatro a cinco millones de pesos?… los recursos destinados a eso que algunos llaman Cultura. Una afrenta similar se cometía contra la Educación y ambos agravios se veían acrecentados porque, por otro lado, el presupuesto a las Fuerzas Armadas sería engordado.

Así que, algunos viejos chamanes y un titipuchal de aprendices de brujo, integrantes de esos que don Pepe Gordillo llamó "hordas de pintorescos y bellos neuróticos" en su libro Lo que el niño enseña al hombre (Trillas, 1992), salieron a las calles como antes lo habían hecho las madres y hermanas de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, los trabajadores del SME que luchaban (y aún luchan) por impedir la privatización de la industria eléctrica, los pueblos indígenas que caminan por un nuevo pacto social que los incluyan como parte sustancial de la nación mexicana o los campesinos que un buen día dijeron que el campo no aguantaba más.

Al frente, encabezando una marcha que ni siquiera habían convocado, Marta Verduzco, Luisa Huertas y Gabriel Pascal caminan portando unas playeras negras como distintivo; a alguien se le ocurrió que, en tanto integrantes de la autonombrada Academia Mexicana de Arte Teatral, debían ir al frente de la manifestación. No van solas, no va solo; les acompaña, entre otros, el otrora presidente de la Sociedad General de Escritores de México y dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda (†) y la actriz Julieta Egurrola, quien tiempo atrás había encarado a Vicente Fox en la entrega de unos premios nacionales de artes y ciencias en nombre de los presos políticos de Atenco.

La manifestación, al principio raquítica, llegaba a la intersección de Reforma y Juárez y allí, teniendo como fondo El Caballito de Sebastián, el escultor salinista que además de una vasta obra que es la delicia fiscal de empresarios y gobernadores tiene unos padres con buen gusto para los nombres; allí, decía, un grupo de jóvenes vestidos con trajes producto de algún vestuario reciclado posan ante las cámaras que no se dan abasto con tanto color y tanta forma. En cualquier momento, la vanguardia de la marcha estaría llegando a la altura del hotel Sheraton, donde los gobiernos capitalinos, sean del color que sean, suelen ordenar que sus granaderos se aposten para cuidar la exclusiva área de la cotizada Slim City; pero, a diferencia de cuando quienes se manifiestan son integrantes, por ejemplo, de la CNTE o de la Otra Campaña, los dizque guardianes del orden brillan por su ausencia.

Avenida Juárez, donde el asfalto fuera anfitrión del mega plantón de las luchas ciudadanas por la defensa del voto y testigo de la huelga de hambre que algunos integrantes de la APPO sostuvieron en el Hemiciclo a Juárez, se convierte en pista para los estudiantes de la Escuela Nacional de Danza Folclórica, quienes frente a Bellas Artes protagonizan una parada mexikatiaui enfundados en sus jeans Pepe's o Furor saludando a los cuatro vientos con la voz de algún caracol. Al otro lado de la acera, la librería Gandhi hace de telón de fondo a los encuentros que sostengo con Ana Luisa Alfaro y Gilberto Guerrero, mis amigos de Perro Teatro, la compañía que tenía en comodato el Teatro Santa Fe del IMSS y que, a pesar del menosprecio del Conaculta, representó a México en un festival iberoamericano con motivo de los 400 años del Quijote en 2005... “"Señor Calderón --corean los jóvenes bailarines--, lo invito a mi función”".

Aparecen los contingentes del Centro de Capacitación Cinematográfica y de la Escuela Nacional de Arte Teatral, ambos del INBA, acompañados a una distancia “prudente” de los trabajadores del mismo instituto; del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y de la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello, o del Centro Universitario de Teatro, de la UNAM. Entre estos distingo a Marco Argueta, quien un año antes había chambeado en las filmaciones del Apocalypto melgibsoniano y entonces, en la marcha, ostenta un yembé que hacía juego con la trompeta de Roam León. Entre las y los compas de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA veo a Mónica del Carmen, quien tuvo una escena en la Babel del Iñárritu y pasa corriendo entre la multitud; a Yanet Miranda, que enseña la lengua a mi hijo, y a Sergio Solís y Adrián Ladrón de Guevara, que cubren sus rostros el uno con un pasamontañas blanco y el otro con un paliacate rojo; ambos, pasamontañas y paliacate, nuevecitos.

Por el contingente de compas del Centro Universitario de Teatro de la UNAM veo, entre otros, a Adrián "El Potro" Aguirre, Israel Islas, Darwin Enhaudi, Alfredo Herrera, Ginés Cruz, Miguel Ángel Canto... ¡uff!… tantos y tan poquitos. La última vez que vi marchar a alumnos del CUT corría el mes de enero de 1998, llevaban una larga tela de paliacate cocida en forma de cruz y cantaban algo fúnebre: unas semanas antes, 45 hombres, mujeres, ancianos y niños, indígenas todos, habían sido asesinados por paramilitares en Acteal, Chiapas. Esta vez, algunos de aquellos jóvenes hacen ya cine y televisión y prefirieron no ser parte de la fiesta; en tanto, un puñado de entusiastas muchachas y muchachos los representan, y, aunque son poquitos, suenan como si fueran un chingo.

Al pasar por Tacuba, uno de estos jóvenes, tan ingenuos que hasta dan ternura, se acercó a la plaza Manuel Tolsá, y gritó aquello de que “"El pueblo consciente se une al contingente"” a un grupo de hombres y mujeres de piel oscura, probablemente campesinos, probablemente maestros rurales, probablemente ambos, que se encontraban en una especie de campamento frente al Senado protestando por algo. De nada más mirarse entre ellos, algunos de los hombres tomaron una su manta que tenían y sin más aspavientos aceptaron la invitación del mancebo aquél. Poco importaba si el joven y las y los artistas con quienes él marchaba habían decidido no detenerse en su plantón y manifestarles siquiera una pequeña muestra de apoyo bajo el argumento, según crónica de CulturaenRed.Org, de que la prioridad de la marcha era manifestarse en contra del recorte presupuestal. Ellos, probablemente campesinos, probablemente maestros rurales, probablemente ambos, sabían de solidaridad y con eso bastaba; aunque el resto del recorrido no echaran consigna ni corearan lo gritado por otros, y sólo se limitaran a sumar su andar con el de estos muchachos y estas muchachas cuya indignación les hacía salir de sus casas en la Condesa o Coyoacán y tomar las calles.

El novel artista, aunque estaba contento de su poder de convocatoria, aún se preguntaba si aquellos hombres entendían algo de lo que era luchar por lo que es justo; a lo mejor no sabían nada de manifestaciones y esas cosas, pensó. Lo que sí es que su manta se veía colorida. En ella sobresalía un Juárez con una boina calada a lo Che, a un lado cuatro letras pintadas en negro delataban el nombre de la organización: APPO.

La marcha continuó su peregrinación hacia el norte de la ciudad para quebrarse luego por República de Cuba y Allende y rodear las inmediaciones al edificio de Xicoténcatl, resguardadas, ahora sí, por elementos de la secretaría de seguridad capitalina y agentes de la recién robustecida PFP. Allí, una pareja de jóvenes que después supe eran del Espiral 7, de Puebla, editores de una revista "de literatura humorística, irreverente, satírica y de mal gusto" intitulada El Ánima de Sayula, abuchearon a los militares disfrazados de policías con silbidos de cinco notas y una que otra consigna: "Esos son, esos son, los que chingan la nación." Entonces, un joven con una mojiganga de calavera se dispuso a retorcerse todito frente a los granaperros y otro se animó a treparse sobre las mallas y bailar bajo el aplauso unánime de los vecinos que miraban desde sus balcones y ventanas.

Cuando la manifestación llegó a la plancha del zócalo, la “marcha había abandonado su condición famélica de un inicio para dejarle espacio a los muchos personajes que plagaron las calles del centro histórico de la Ciudad de México a lo largo de quién sabe cuántos kilómetros: un clown marinero cuyo barquito colgaba de sus hombros mientras hacía sonar un trombón de vara que era las delicias de las chicas que atienden los restaurantes de Allende; unos músicos con reminiscencias medievales y unos titiriteros que surten un efecto parecido al del flautista de Hamelin; el Sombrero Loco de Alicia, con una pátina color dorado; algunos jaraneros que recuerdan a Los Folkloristas; zanqueros de todos los colores…. De pronto, lo surrealista se mezclaba con lo esperpéntico: un hombre con playera de las Chivas portaba sobre ésta una leyenda que reza, ¡oh, blasfemia!, "“I love América." Otro, aparecía jalando un huacal con rollos de papel cartón a los costados simulando un tanque de guerra; adentro, una pequeña de unos tres o cuatro años de edad va enarbolando la bandera de la convención lopezobradorista, y, en la parte posterior de esta suerte de tanqueta ludens, una frase de Gabriel Celaya sostiene que “"la poesía es un arma cargada de futuro"”.

Patricia Vázquez y Rafael Degar, de Teatro Súbito, recién desempacados de extranjia según artículos publicados entonces por La Jornada Morelos, ya extinta, están en compañía de su hija de nueve años que, como es natural, apenas y me saludaría porque ni siquiera me conocía. Izazaga... Anillo de Circunvalación... Fray Servando... Congreso de la Unión... La edición nacional del diario La Jornada, en nota de Mónica Mateos-Vega, consignaría que “una comisión de representantes de la comunidad artística y cultural, conformada por Paco Ignacio Taibo II, Gabriel Pascal, Julieta Egurrola, Francisco Martínez Cué, Margarita Castrillón, Raúl Díaz, Rosa María Garza e Inti Muñoz, entre otros, se reunió con diputados de la Comisión de Cultura del Congreso. La fiesta ha terminado. Un Goya mucho más desganado que los muchos que sonaron a lo largo de la marcha se escucha a un costado del también llamado Palacio Legislativo sobre la calle Emiliano Zapata, la misma que cinco años atrás sirviera de escenario al mitin de la comandancia zapatista mientras Esther y Zebedeo hablaban desde la tribuna “más importante de la nación”.

La prensa escrita anuncia que la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad el proyecto de presupuesto para las actividades artísticas y culturales “más cuantioso de la historia contemporánea en México”. "¡Ganamos la batalla!", dicen algunos. A lo lejos, todavía se alcanza escuchar: "“Señor Calderón, ¿por qué no usó condón? / Señora Hinojosa, ¿por qué parió esa cosa?"” Mientras, en Los Pinos, el aludido y sus socios en el poder de arriba se sobaban las manos tras la conclusión del experimento: los artistas han dado una muestra de que también pueden tomar las calles…, pero sólo si les tocan el bolsillo;… lo demás: Oaxaca, Atenco, Sicartsa, Pasta de Conchos, casi no les interesa.

Han pasado 10 años de la marcha aquella contra el recorte presupuestal a Cultura, entonces subsector de Educación; hoy, un recorte de proporciones similares nubla las finanzas homónimas en los estados por decisión de la Federación poniendo en riesgo una larga lista de proyectos que se subvencionan con dineros públicos. Cuando escribí la crónica de arriba, la ignorancia y la falta de solidaridad de quienes sólo veían por su luchita presupuestal me hervían la sangre y la mirada y en mi cabeza retumbaban los versos de Niemöller adjudicados hasta el cansancio a Brecht sobre aquello de la indiferencia y de que tarde o temprano, más tarde que temprano, sería demasiado tarde. El destino nos alcanzó y ahora no salimos a las calles siquiera por nosotras y nosotros mismos: estamos más preocupados, al menos entre las y los teatreros, por cómo ir a la Muestra Nacional de Teatro en San Luis Potosí. Hay sus prioridades.

Mientras tanto, en el calendario un 26 de septiembre les recuerda a algunas y algunos que dos años atrás 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fueron desaparecidos por las fuerzas policiacas del municipio de Iguala y el estado Guerrero ante la mirada cómplice, por decir lo menos, de elementos del ejército federal; otros tres muchachos, también normalistas, fueron asesinados; otros dos, también normalistas, siguen peleando por sus vidas en sendos hospitales, uno de ellos en estado de coma; una señora y un joven jugador de futbol que iban en otro camión también fueron asesinados junto con el chofer del mismo camión. Las mamás y los papás de los 48 estudiantes no han dejado de exigir justicia y castigo a los culpables de desaparecer y asesinar a su hijos; pero, sobre todo, que los 43 sean presentados con vida: "¡Vivos se los llevaron, Vivos los queremos!"