El Grito de don Porfirio.

(Publicado en Milenio-Novedades de Yucatán, el 17 de septiembre de 2013).

Mientras escribo estas notas, escucho a lo lejos el sonido de los juegos pirotécnicos; probablemente son, pienso, los que enmarcan los vítores que a su vez secundan la representación del “Grito de Independencia” en la plaza principal. Como ahora estoy en la Blanca Mérida, la de los hoteles, avenidas y estatuas que en su mayoría glorifican a quienes sometieron a los pobladores originarios de estas tierras a fuego y hierro, quien lleva la voz cantante es el gobernador del estado de Yucatán, el señor Rolando Zapata; pero no puedo evitar imaginarme en otras plazas, en otras representaciones, en otros “gritos”.

Pienso, por ejemplo, en la representación primigenia de “El Grito”, la que protagonizara Porfirio Díaz siendo presidente de México en el primer centenario del “inicio de nuestra Independencia” un día antes de la fecha marcada como la histórica por la sencilla razón de que era su cumpleaños. Y, pienso, nos pienso a todas, a todos, en un “todos” donde obviamente no estamos todas ni todos, repitiendo a lo largo de un poco más de cien años la representación del cumpleaños de don Porfirio.

Pienso, también, en algunos de esos “gritos” no oficiales.

Uno, cercano en el tiempo, de maestras y maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE, abrazados por una informe sociedad civil donde uno puede encontrar de todo: estudiantes de la UNAM, el IPN, la UACM o la UAM; trabajadores del SME o de la Cooperativa Pascual; militantes con registro y adherencia, según sea el caso, a Morena o a La Sexta, y un largo etcétera de “güevones”, “nacos”, “groseros” y “revoltosos” que “solo buscan desestabilizar el país” (tan estable que está, ¿qué no?) por la defensa, no de sus derechos y conquistas laborales, sino de “mezquinos privilegios” (inconcebibles en una nación libre y soberana donde los privilegios de nadie tienen cabida, ¿verdad?).

Otro, tan lejano en el tiempo como lo pueden estar 45 años de distancia, dado por Heberto Castillo dos días después de una histórica Marcha del Silencio que congregó a más 250 mil personas en la capital de este país y unos días antes de que el ejército federal (cuyos cien años de constitucionalismo celebramos hoy con bombos y platillos olvidando el asesinato de Jaramillo, las represiones de 1968, los “vuelos de la muerte” durante la mal llamada Guerra Sucia durante los 70 y 80 y otro también largo etcétera) entrara a punta de bayoneta a Ciudad Universitaria, primero, y al Casco de Santo Tomás, después.

Cada vez son más las voces que están de acuerdo en que hace 203 años no hubo ni “Grito” ni, mucho menos “Independencia”; sin embargo, a pesar de que son muchos los otros gritos que en esta suave patria se gritan, ningún otro grito convoca el fervor y la defensa por sus representaciones como el del cumpleaños de don Porfirio. ¿Acaso a alguno de esos hombres que para cuando salga mi nota habrán desfilado por el país lo han disfrazado de policía federal para la salvaguarda de algún otro grito, como el de las niñas y los niños de la Guardería ABC, como el de las centenares de mujeres asesinadas en todo el territorio nacional, como el de las y los presos injustamente o por conciencia, como el de las decenas de miles de personas desaparecidas?; creo que no.

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