Suvenires del paisaje global.

El pasado 17 de junio, la incipiente Agrupación de Artistas Escénicos de Mérida anunció en rueda de prensa que entregaría al titular de la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta), el señor Raúl Vela Sosa, y al gobernador del estado, el señor Rolando Zapata Bello, sendas cartas solicitando, por un lado, la integración de mesas de trabajo entre la comunidad artística y la administración estatal para trazar la política cultural de la entidad en cuanto a artes escénicas toca y, por otro lado, fortalecer a la Sedeculta con recursos financieros «que permitan mejorar la calidad de los proyectos que ya se producen [en Yucatán] y abrir nuevas posibilidades a los artistas escénicos».

Las cartas, que enumeran un mínimo de 26 puntos cuya atención, a decir de los más de 18 colectivos y personas que suscribimos ambos documentos, no puede seguirse soslayando, fueron entregadas y de las mismas se extendió copia a la Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Arte, Cultura y Deporte del Congreso local, vía la oficina de la diputada Flor Isabel Díaz Castillo. En virtud del artículo 8º constitucional que consagra el derecho de petición, dado que la Agrupación formuló por escrito y de manera pacífica y respetuosa su exigencia, se espera el acuerdo escrito de la autoridad en breve; sin embargo, las señales con que parece responder el Ejecutivo estatal apuntan hacia derroteros distintos a la solicitud de diálogo de la Agrupación.

La primera, digamos, “respuesta” es que la Agrupación parece estarse equivocando de destinatario: en menos de 48 horas después de la rueda de prensa, teniendo como marco el Gran Museo del Mundo Maya, los principales funcionarios de cultura de los tres niveles de gobierno anunciaron con pombo y platillo la celebración del Festival Internacional de la Cultura Maya 2013, presidido por el director del recién creado Instituto de Historia y Museos de Yucatán (IHMY), Jorge Esma Bazán; un personaje acusado en 1991 de peculado, tras encabezar el Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) durante la administración de Óscar Baylón Chacón (del 6 de enero al 31 de octubre de 1989), y señalado en los pasillos de la grilla local yucateca como el principal escollo del otrora Instituto de Cultura de Yucatán desde el Patronato de las Unidades de Servicios Culturales y Turísticos del Estado (Cultur), en tiempos de Ivonne Ortega Pacheco.

Una segunda “respuesta” parece correr parejas con el rumor de que mientras se anunciaba la celebración del Festival de la Cultura Maya, con la venia del presidente de la República, se decidía la postergación del Festival de Teatro «Wilberto Cantón». Quizás el Ejecutivo local no coincida con el diagnóstico de las y los artistas escénicos meridanos cuando aseguramos que «la propuesta artística de los grupos independientes de teatro y danza actualmente representa a nivel nacional e internacional lo mejor de la cultura de nuestro estado»; no obstante, esperamos la respuesta oficial que conforme a derecho merecemos y, tal vez con demasiada ingenuidad de nuestra parte, que ésta satisfaga una demanda que creemos no sólo es nuestra: «construir un proyecto de cultura incluyente que brinde a la sociedad el mejor escenario para acceder a las artes escénicas en Yucatán [como parte de] un posicionamiento del estado como el centro cultural más importante del sureste de México».

Sin duda, la Agrupación de Artistas Escénicos de Mérida está en la mejor disposición de entablar un diálogo serio y respetuoso con las autoridades estatales en materia de cultura y no, como se ha presumido en las redes sociales y en algunos medios de comunicación, la confrontación gratuita y sin fundamentos con quienes, dicho sea de paso, son también muchas veces colegas nuestros cuyo trabajo y disposición reconocemos y saludamos. Empero, preocupa que los gobiernos del estado y federal reediten el «ni los veo, ni los oigo» salinista de finales del siglo pasado, pues, el emplazamiento que le hacemos tanto al gobernador como a su secretario de la Cultura y las Artes, si se revisan detenidamente cada uno de los 26 puntos de la carta dirigida al señor Vela, responde a un mínimo de sentido común que hace concierto con las políticas públicas de metrópolis cuyos gobernantes y gobernad@s ven en el arte y la cultura un elemento cohesionador de sus sociedades y no, en sumisión con intereses de mercado que poco o nada tienen que ver con la creación artística, meros suvenires del paisaje global.

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