La otra cara (U láak’ táanich) / III: Metodología.

Las cuatro sesiones del taller teatral (del 17 al 20 de octubre) se caracterizaron por ser un proceso más sintético que exhaustivo, articulando el trabajo de dramaturgias actoral y de puesta en escena con la exploración de ejercicios que condujeran a las y los promotores juveniles a descubrir por sí mism@s y desenvolver las capacidades expresivas que poseen, tomando en cuenta la diversidad al interior del colectivo y yendo a la consecución de los objetivos trazados por Yaaxil.

Pedagógicamente hablando, se echó mano de algunas teorías llevadas a la praxis en el trabajo de grupos por Jacob Lévy Moreno, Kurt Lewin, Enrique Pichón-Rivière, Sylvia Schmelkes y Patricia Salazar Villava; en la recreación como cultura del bien-estar y respuesta al malestar de la cultura del que habla Freud, por parte de Pedro Fulleda Bandera, y en modelos educativos de intervención valoral, explorados por Greta Papadimitriou, Sinú Romo Reza, Bonifacio Barba, Paco Cascón, Silvia Conde y Paulo Freire, que se han empleado en la resolución noviolenta de conflictos y la educación para la paz y los derechos humanos en Iberoamérica durante las últimas décadas.

En el marco de lo que Ana María Aron, Neva Milicic, Josefina Martínez o Jorge Barudy llaman «la cultura del buentrato», se buscó construir un ambiente de cordialidad y camaradería que dio cabida a las diversas expresiones de cada una y cada uno de las y los adolescentes y jóvenes promotores; cuidando siempre la edificación, por decirlo de algún modo, de un encuadre de seguridad perfectamente definido que garantizó certidumbre y tranquilidad en cuanto a los límites del actuar colectivo e individual dentro de un espacio regulado.

Para la sistematización del proceso, se adoptaron los siguientes instrumentos y herramientas:

1) Plan de Trabajo.- Integrado por un conjunto de cartas descriptivas que sirvieron de guía para el desarrollo puntual del taller-acompañamiento sesión por sesión;

2) Bitácora Colectiva.- Acervo de bitácoras elaboradas individualmente por cada una y cada uno de l@s participantes del taller-acompañamiento, con sentido de colectividad y un objetivo doble: servir de referencia, de modo que pueda consultarse en cualquier momento que se desee a lo largo de la experiencia, y para integrar una sola memoria escrita del proceso mismo;

3) Diario de Trabajo.- Colección de apuntes personales del facilitador del taller-acompañamiento sistematizados en forma de diario o bitácora de lo realizado en las sesiones, con anotaciones inclusive subjetivas que expresen estados de ánimo, ya sean “positivos” o “negativos”, como estrategia de autocontención y amplitud del rango de tolerancia ante la frustración, y

4) Escala de Evaluación.- Instrumento basado en escalas de intervalos mixtas de Likert y Thurston, cuya aplicación en este caso tuvo un carácter relativamente subjetivo en tanto «los jueces» son cada un@ de l@s participantes partiendo de la percepción que tuvieron, por un lado, del propio desempeño y del de sus compañer@s; por otro, del trabajo del facilitador del taller-acompañamiento y de los contenidos de éste, y, por último, de la participación de la institucionalidad a lo largo del proceso mismo.

En términos estéticos, las cuatro sesiones de práctica escénica (26 de octubre; 9, 16 y 23 de noviembre) apuntaron a hacer del montaje un espectáculo que estructuralmente fuera muy similar a las representaciones del teatro didáctico latinoamericano con influencia brechtiana, expresado durante la segunda mitad del Siglo XX en la poética teatral de maestros como Augusto Boal, Osvaldo Dragún o Atahualpa del Cioppo, o de grupos como Teatro La Candelaria, Teatro Campesino o Mascarones; por mencionar solo algunas de sus múltiples variantes y guardando, claro, las distancias y las proporciones.

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