choro interminable de una crónica teatrohabanera mal enunciada / dos.


celebrando los días de muertos con la razón blindada / 1...

los días 1 y 2 de noviembre fueron muy parecidos entre sí. el arranque de ambos, como el de todos los demás, fue el desayuno buffet en el restaurante del hotel. el buffet consistió todos los días en fruta (papaya, melón y sandía... una vez hubo piña y otra guayaba), un huevo preparado al gusto o, en su defecto, revuelto o cocido de antemano, col o repollo, una carne como de soya preparada en trozos, rebanadas de jamón y de queso manchego, pan dulce, jugo de naranja (que un día sabía a podrido) y otras frutas y café (buchito), café con leche o té. acto seguido, el primero de los días nos fuimos a tener un ensayo a la italiana (pasando texto y probando el trazo) en la casona, para luego ir a comer a “la roca”; de allí, regresar al hotel y descansar un poco y, después de una ducha y otro buchito, irnos a dar función.
llegamos a la casona de línea entre las 5.30 y las 6 de la tarde. mis nervios, que en la mañana todavía estaban casi ausentes, habían aumentado a grados que me pusieron en alerta: tenía pánico escénico y temía porque se me olvidaran los textos. por fortuna, la razón blindada se trata de un montaje que ya varias veces hemos experimentado en las tablas, estaba descansado y veníamos de buenos ensayos previos. no obstante, tenía un problema que no era menor: me había olvidado las chanclas de de la mancha en méxico con las prisas a la hora de hacer las maletas y no habíamos podido encontrar un solo par siquiera medianamente parecido en la habana (todos los que veían el par que mostrábamos a manera de muestra, el de miguel ángel, querían comprárnoslo porque chanclas de ésa “calidad” –las chanclas de plástico con que el sheriff de maricopa, joe arpaio, calza a los presos de su guantánamo en arizona–, no había en la isla).
queriendo tranquilizar a nelson por mi injustificable descuido, le dije que quizás no habría tanto problema, partiendo de que la mayoría de la obra de la mancha andaba sin chanclas; fue miguel ángel quien, como casi siempre, ofreció la solución: “¿y si usamos el par que tengo entre los dos, cada uno una chancla, al fin y al cabo hay también varios momentos en que panza está descalzo?” la solución de mi amigo y maestro fue más que brillante; dudo mucho que las y los espectadores, incluyendo a la crítica especializada, hubieran notado que se trataba de un error y no de una propuesta propia del montaje... cómo pensé en mi amigo guillermo riesco durante las horas previas a la función y en la vez que olvidé ponerme en las presillas del pantalón el cuchillo de jerry en historia del zoológico, de albee, hace 20 años... nunca terminaré de pedirle que me disculpe por ello.
el tiempo entre el aviso de que entrarían “chapulines”, como le dice papá pancho al público, y nuestra tercera llamada me pareció eterno; después de allí, la obra corrió sin ser yo del todo consciente de cómo fue. siempre me pasa eso: es como si sebastián apagará dentro de sí algún interruptor y el personaje en turno encendiera el suyo; no puedo estar pensando siempre como piensa sebastián cuando estoy en escena, pienso como he descubierto y, u, o decidido (porque el trabajo de mesa me ha llevado a ello) que piensa el personaje. no digo que no soy consciente de lo que ocurre en el transcurso de la función, todo lo contrario; lo que quiero decir es que de algún modo que no siempre comprendo cómo funciona, mi conciencia y las decisiones que como actor tomo durante una representación responden al modo de pensar del personaje, a sus motivaciones, deseos, frustraciones, perversiones, sueños e intereses, no al modo mío... no del todo, pues, ni siquiera la mayoría de las veces... así lo siento.
en el caso de la razón blindada, sé que hemos llegado al final cuando me percato del intenso dolor que me provoca la sangre pulsando bajo mis sienes, detrás del ojo (sí, sólo de un ojo) o debajo del cráneo ligeramente arriba de la nuca; de allí que tome 800 unidades de ibuprofeno, 400 antes y 400 después, por función... cuando no lo hago el dolor se vuelve incontrolable y me acompaña a lo largo de toda la noche y parte del día siguiente... creo, no recuerdo dónde lo leí o cómo me enteré de ello, y tampoco sé cuánto tiene de verdad, que así como el abuso en el consumo de aspirinas te adelgaza la sangre hasta el riesgo de quitarle su capacidad de coagulación, el del ibuprofeno te hace candidato a padecer infartos al miocardio; pero cuando termino las funciones de la razón blindada lo que menos me importa es si en un futuro quién sabe cuán cercano o lejano mi corazón se detendrá, lo único que quiero es detener el jodido dolor de cabeza.
ésa primera función, en lo que a las reacciones del público toca, fue extraña; era como si hubiéramos estado siempre y a cada instante bajo un microscopio. aún así, creo que el público salió “tocado” por la obra. ¿cuánto logramos que comprendieran el juego de los dos personajes recluidos como símbolo de las privaciones todas de la libertad?, no lo sé; ¿cuánto celebraron o lamentaron de nuestro trabajo físico y vocal?, también lo ignoro; ¿cuánto la propuesta de la dramaturgia de la puesta en escena les pareció digna de discutirse o, por lo menos, comentarse?, igual lo desconozco (salvo juventud rebelde y el propio perro huevero –que no vimos sino hasta nuestro regreso a méxico– no hubo crítica especializada, con todo y que ésa primera función el público estaba integrado casi por completo por críticos y teatrólogos).
la medida, de alguna manera, la da el aplauso; pero aún éste es un termómetro que tiene mucho de subjetivo y, más que nada, de buena voluntad y generosidad a priori. muchas veces, el espectador lo que aplaude no es la calidad del trabajo o si la propuesta estética le gustó, sino el esfuerzo que pueda descubrirse dentro de un montaje; el “le echaron ganas” o “estaban bien prendidos”, y no la precisión de las acciones físicas, la amplia gama en los registros vocales, la justeza de las intenciones, la belleza del texto, la inteligencia en el uso de los sistemas sígnicos que de suyo se conforman con los elementos visuales y auditivos puestos en juego y el equilibrio entre estos. y muchas veces también, casi las mismas, el “artista teatral”, ésa especie de mezcla entre ser humano y hiena que se aloja en las vanidades, los complejos y las frustraciones de las y los creadores de la escena (tan caro a las muestras nacionales de teatro y otros festivales organizados con recursos públicos por las instancias administradoras de la cultura en méxico) reducen su ejercicio crítico a lo que ellas y/o ellos hubieran hecho (que, por supuesto, siempre es mejor que lo que han visto). raro es el crítico cuyo oficio está entendido como guía, traductor y espejo, siempre puente, cómplice del hecho escénico y enamorado del fenómeno teatral; camarada en el acto de creación y producción de signos y, por ello mismo, riguroso en el empleo de sus herramientas de análisis, poseedor de una amplia cultura no sólo teatral (aunque contar con ésa sola ayudaría a muchos) y sensible a lo bello y a lo aterrador que hay en la naturaleza y la condición humanas.
y como yo también carezco de dichas cualidades, imposibilitado además de mirar desde afuera lo que construí (espero) desde adentro, me decanto entonces por la mar de sensaciones que la función me dejó y que enlistadas groseramente se reducen a decir que a poco más de los diez días que conmovieron mi mundo (nótese la paráfrasis a john reed) conservo como un tesoro el momento en que durante el monólogo que hemos intitulado de la locura la tensión en la sala era digna de un arco bien ajustado o, para completar la alusión paziana, una lira debidamente afinada. después de ése instante, que el público no se pusiera de pie para aplaudirnos, como sí hicieron en the societyla gran tirana u otras puestas que vimos después, importaba en verdad muy poco; nos habían regalado algo más maravilloso: la certeza de estar oficiando un acto de comunión y, por supuesto, de rebelión.
el mérito no es mío; aquí lo que arístides vargas escribió para el monólogo de marras (imaginadlo en el contexto cubano):
la locura, y creo que usted lo sabe, no es estar loco. es volver loca la realidad donde vivimos. usted tiene que comprender una cosa: nuestra principal tarea es la libertad profunda. aunque estemos tristes y desamparados. preste atención a lo que voy a decir, es importante. la libertad profunda es el último escalón de la paranoia. recorrí el enrejado que separa nuestros pabellones y de pronto lo toqué y me di cuenta de que estaba allí, más allá de nuestras vidas. ¿se da cuenta? voy a tratar de ser más concreto. no es fácil. preste atención, lo voy a decir una sola vez porque estoy cansado. la libertad formal está afuera, nosotros estamos dentro, no estamos en la libertad. la locura no es puente entre estas dos islas. no, la locura de la que yo hablo es otra. es estar aquí, aquí... en otra forma de libertad. es suplantar lo bochornoso y lo triste porque ya no se necesita tener razón. es trágico eso. usted lo sabe y no puede hacer nada para que yo no me vaya. yo también lo sé y no puedo hacer nada para que mi razón no se vaya, no se esfume. siempre suyo, de la mancha.
al final de la primera función, vivian martínez tabares, que nos había ido a ver, felicitó a nelson y le dijo que nos esperaba el sábado nada más y nada menos que en la casa de las américas para la mesa “cruces de la escena latinoamericana”; el sólo hecho de ir y conocer la casa era para mí un regalo, luego nelson me pidió que fuera yo quien preparara la intervención de borba teatro en la mesa: no cabía de gozo. satisfechos por hacer lo que debíamos y no sólo lo que podíamos hacer, nos fuimos a dar un rol con alex, el técnico de sonido de la casona y esposo de yamina gibert, la directora de relaciones internacionales del consejo que nos recibió formalmente en las oficinas del mismo. al igual que su esposa y que la señora ricard, alex fue un anfitrión excelente... eso es innegable en el pueblo cubano: hombres y mujeres son solidarios sin cortapisas... bueno, la mayoría. alex terminó llevándonos a una esquina frente al malecón donde miguel, gabo y tin habían ido ya durante la víspera en compañía de k y w.

un pedacito de la habana nocturna junto al malecón...

mis amigos habían querido ir a un bar, o algo así, llamado el 23, o parecido; supongo que lo limitado de nuestros recursos les impidió entrar y decidieron comprar algunas cervezas (en la habana, por lo menos en la zona donde estábamos, se vende alcohol a cualquier hora sin restricciones) y bebérselas en una charla más bien relajada en una de nuestras habitaciones. sin embargo, a pesar de que dentro de los lineamientos del sexto congreso del pcc se autorizaba el hospedaje de cubanos en sus propios hoteles (antes de abril, mes en que se “aprobaron” las reformas, el hospedaje era exclusivo para turistas); ni k ni w tenían permitido subir a las habitaciones de los turistas. de haber sido jineteros, o sus chulos, sí hubieran podido subir y entrar; una agencia de turismo les hubiera servido de aval y les bastaría con mostrar su carné de trabajadores sexuales para que en la recepción les tomaran el número y les asignaran hora de entrada y salida. pero como eran teatreros, algo así como un modo de prostitución que no deja divisas (la entrada a los teatros durante el festival costaba, a quienes no fueran participantes del mismo, medio cuc), tuvieron que conformarse con tomarse su par de cervezas en la esquina frente al malecón a la que nos llevó alex.
obvio, k y w se sintieron enormemente humillados; yo me los encontré (no recuerdo a qué había bajado), junto con miguel ángel, en el lobby del hotel con caras largas; estaban esperando a que gabo y tin bajaran de su habitación. al preguntarles qué había pasado, w me explicó que no les habían permitido subir; al interrogar el motivo, k respondió sin tapujos: “pregúntaselo a fidel”. más tarde, ya en el malecón, k, sin poder contener su indignación (ésa que los medios proclives al gobierno cubano sostienen que no tiene cabida en la juventud cubana porque en la isla supuestamente no hay las condiciones de desilusión frente a las promesas incumplidas de una oligarquía y una clase política que se enriquecen sin pudor mientras el número de desempleados, de desalojados de sus casas y de estudiantes rechazados aumenta sin cesar), se puso a vociferar cosas contra el régimen ante la alarma de w, quien le suplicaba calmarse: “te van a oír –le decía mirando a todos lados con la preocupación, acaso miedo, en el rostro– te van a oír”.
estar en esa misma esquina la noche siguiente, en medio de un mar de jóvenes travestis, bugasgays, lesbianas, trans y bisexuales, y en compañía del esposo de una funcionaria del gobierno cubano a quien su chofer recogía en un audi del año (el chofer iba por ella, nunca por él), tenía su toque de surrealismo. alex reconoció una sola vez, ante las continuas provocaciones de nelson, que en cuba pasaban cosas que no estaban bien (no dijo qué cosas); pero cerró su brevísima intervención para decir que igual pasaban otras que no sólo estaban bien, sino que en otros países ni siquiera se podía soñar en que existieran (aunque tampoco nunca dijo cuáles eran éstas).
la conversación política se abortó ante el abordaje de cuatro jóvenes transexuales que como si nos conocieran de siempre se nos acercaron para darnos sendos besos en las mejillas a todos. adis, que no había identificado que debajo de aquellas tetas operadas y tras esas ropas ajustadas ocultaban sus miembros, devolvió sin empacho los besos, emocionado de que unas negras altas aparecieran para hacer realidad su sueño de que unas cubanas lo apapacharan; pero del dicho al hecho a veces el trecho es demasiado estrecho y sin decir “agua va”, viendo que no habían recibido ninguna resistencia, las negras se nos lanzaron encima llevando sus manos a las entrepiernas. adis, a quien siempre le ando pidiendo que no se me separe demasiado sin que haga caso, estuvo a punto de quedar acorralado por una negra de minifalda lejos de mi alcance; no así del de alex, quien tomó a la negra del hombro justo antes de que llegara a adis: “no me lo asfixies”. el trans se detuvo y viendo a adis cara a cara dijo: “pero si es un niño”; nos miró por un instante, el suficiente para verme y agarrarme a mí de frente al tiempo que otro hacía lo mismo con miguel ángel por la espalda, y recibir de alex otro estatequieto: “¡que ya!, ¿no oíste?: no me los asfixies”. las negras se fueron cagándose de la risa. después de eso, adis no dejaría de hacerme caso cada que le pedía que no se me adelantara durante nuestra estancia en la habana.
la experiencia en el malecón, sobre todo la carita de susto del adis que de pronto entendió qué habría podido ocurrirle a él, nos condujo de regreso al hotel; en la pequeña escalera, a la entrada del mismo, nos detuvimos para seguir charlando sobre teatro, música y lugares dignos de visitarse en la habana. vi con tranquilidad que adis estaba relajado, haciendo chistes y comentarios como los que acostumbra, y celebré para mis adentros que estuviera tomando su encuentro con los trans con madurez y serenidad. al cabo de un par de horas más, alex se despidió de nosotros y subimos a nuestras habitaciones; pero adis dijo que tenía hambre y miguel ángel le secundó. debían ser cerca de las dos de la mañana, si no es que un poco más tarde, cuando regresamos a “la rampa” a comernos una pizza familiar entre los tres. para la madrugada del 2 de noviembre, mi capital era de 3.4 cuc, a razón de que pagué dos “descargas” de 4 cuc cada una en la comida, una botella de agua para la función (porque terminamos deshidratados miguel ángel y yo) de 1 cuc, otros 4 cuc para la pizza de la noche y dos tukolas (0.55 cuc, c/u).

celebrando los días de muertos con la razón blindada / 2...

apenas sonó el despertador a las 8.30 de la mañana, me apuré a darme una ducha para bajar a tomarme un buchito; regresé para despertar a adis y a miguel ángel y que no se fueran a quedar sin almorzar. en el restaurante del hotel nos encontramos con una señora de poco más de 60 años y un hombre de menor edad, cercano a los 40, que parecía su hijo; eran de hermosillo, sonora, y se acercaron a nuestra mesa para felicitarnos por nuestra actuación de la noche anterior. platicamos un rato y luego nos despedimos en medio de abrazos y nuevas felicitaciones. gabo y tin dijeron que saldrían a caminar un poco, querían comprar algo para sus compañeras; nelson había acordado con los técnicos de la casona de línea algunos cambios en la disposición de las sillas para que cupiera un poco más de gente (la primera función, aunque habían entrado unas 50 personas, el doble de las que acostumbran vernos en mérida, se quedó por lo menos el mismo número de personas sin poder entrar); miguel ángel, adis y yo regresaríamos a nuestra habitación para dormir un poco más.
cuando nelson se despidió de nosotros le dije que lo acompañaría hasta el “oxxo cubano” de las pizzas para comprar una botella de litro y medio de agua. adis y miguel ángel se adelantaron al cuarto y yo salí con nelson; en el “oxxo cubano”, a la hora de que saqué el dinero para pagar el agua, nelson se dio cuenta de que ya casi no contaba con nada y me prestó 10 cuc sin que yo se los pidiese para cubrir los gastos de ése día. esos gastos ascenderían a los 8 cuc de la comida y uno más de otra botella de agua para la función... para la noche, al término de la segunda representación, sólo tendría en los bolsillos 4.4 cuc, y sin haber cenado aún.
regresé al hotel y me dormí un par de horas y desperté con unas ganas casi incontrolables de nadar; así que dispuse todo para ir a la alberca. adis se contagió del antojo pisciano e hizo lo propio: estuvimos nadando y jugando poco más de una hora, a lo largo de la cual nos alcanzaron miguel ángel, nelson, gabo y tin. serían poco más de las 3 de la tarde cuando nos preparamos para ir a comer a “la roca” y, de allí, a la casona de nuevo. parecía mentira, pero a pesar de haber dado ya una función y comprobar que todo había salido bien, los nervios volvieron; era como empezar todo de nuevo, como si no hubiéramos hecho nada. la nueva disposición de las sillas me puso más nervioso todavía: ésa noche cabrían 80 personas; 80 pares de ojos sobre nosotros a unos cuantos metros, dándose cuenta de cada uno de nuestros gestos, sintiendo nuestra respiración, cubriéndose (o tratando de hacerlo, al menos) de nuestro sudor.
ésa misma noche se presentarían también: una noche con harold pinter (reino unido), espectáculo dirigido por andy de la tour que, para decirlo con aimelys díaz (perro huevero, núm. 3), es “una confluencia de obras, poemas y testimonios de pinter escenificados por los actores. en el escenario casi vacío, las voces, gestos y expresiones actorales encuentran un buen cauce junto a los textos, para llegar hasta nosotros como un gran mapa que nos muestra parte de la vida del artista inglés. fragmentos de piezas como el cuidadorla fiesta de cumpleaños, y traición, junto a poemas escritos por pinter y segmentos de su prosa, resultan la base para el tejido dramatúrgico del montaje”; stranger-extraño, de os satyros (brasil); juliette, juliette, del théâtre de centaure (finlandia); donde hay agravios no hay celos, de arte promociones artísticas (españa/cuba); strip-tease, de calibán teatro y le metec alegre (italia), y rosalyn, la hija del carnaval, de la compagnie théâtrale-musicale ruby théâtre (francia).
yo, de no haber dado función, me hubiera descolgado al museo nacional de bellas artes para ver lo de pinter; sin duda. pero no había espacio ni modo para pensar en ello; nuestra tercera llamada, representada en el momento en que miguel ángel (panza) entra a la escena con su banco para sentarse sobre él, fue de nuevo el click en mi cabeza que disparó a de la mancha, su palabra, su cuerpo y su pensamiento, sobre las y los espectadores. la sensación de ésa segunda función fue diferente en tanto que lo mismo miguel ángel que yo fuimos un poco más allá de lo que habíamos ido en la función anterior respecto a la energía que empleamos en la escena. miguel ángel, inclusive, se quedó sin aire y con la garganta seca a la altura de la escena de toribio (poco más de la mitad); poniéndonos en alerta. en palabras coloquiales: “echamos toda la carne al asador”, y el público, con mucho menos presencia de teatrólogos y críticos en su conformación, nos lo recompensó ahora sí con un aplauso de pie.
¿qué más podíamos pedir?
una botella de ron pasando de mano en mano entre técnicos, coordinadores de la casona de línea, trabajadoras y trabajadores del teatro, director y actores... y nuestro fiel caballero... representó nuestro brindis y el cierre de nuestras funciones en la habana... estábamos contentos... y teníamos razones de sobra para estarlo.

huesitos en la habana y el salvavidas diplomático...

una guagua nos llevó de regreso al hotel para darnos una ducha y salir de nuevo a la calle, ya que nos esperaba un soberano y bien ganado pachangón en el bertolt brecht. sólo que hubo un pequeño problema: según rené pita, para que pudiéramos entrar a la fiesta del b.b., debíamos contactar a un fulanito apellidado de la cruz o, de lo contrario, tendríamos que pagar algo así como el cover; sin embargo, el hombrecito ése, el de la cruz, nunca llegó y como vimos que no nos alcanzaba preferimos ir a buscar algo qué comer que intentar entrar al dancing del b.b. miguel ángel y yo, con todo y que nos habíamos repuesto un poco por el baño que tomamos, teníamos un hambre (como dicen los clásicos) de la chingada, y con ella a cuestas caminamos del hotel vedado al hotel meliá cohiba (algo así como 30 cuadras, o más) en busca prácticamente de lo que fuera.
llegamos primero a una especie de “paladar” nocturno donde lo más barato que nos vendían era algo parecido a unas hamburguesas, a 10 cuc cada una: imposible; después, a unos cuantos metros, encontramos un mini-súper de 24 horas donde vendían por 6 cuc un plato con dos piezas de pollo frito, una pequeña guarnición de ensalada y una baguette de jamón con queso. 2 de los 4.4 cuc que tenía sirvieron para la coopera, entre miguel ángel, nelson y yo, de uno de aquellos paquetes; de él comieron los mismos miguel ángel y nelson, y adis. yo medio engañé al hambre chupando los huesos que adis dejó de la pieza que se comió (él se despachó también la ensalada); además de un trago a una malta que, como no había refrescos, tuve que comprarle al adis a un cuc. y, finalmente, caminamos de regreso las más de 30 cuadras al hotel vedado, cerca del cual todavía fuimos testigos de los restos de un choque entre un lada (algo así como un datsun) y un hyundai.
la mañana del día 3 me desperté media hora antes: a las 8, para bajar a almorzar tranquilo y a mis anchas... que son muy anchas. aniquilada el hambre que se había acumulado desde la función y la noche anteriores, regresé al cuarto a recuperar un poco de sueño y a desconectarme de estar nomás pensando en cómo le haría con sólo 1.4 cuc en el bolsillo. descansé, pero no pude dormir. a eso de las 11.30, más o menos, tocaron a la puerta de la habitación; era nelson, quien recién regresaba del consulado mexicano en cuba, en miramar, y, mientras nos contaba de las residencias y los autos de lujo, nos tendía 40 cuc a miguel ángel y a mí como resultado de un apoyo que pudo sacarles a los diplomáticos mexicanos en la isla. según nelson, estaban contentos con nuestra representación (habían ido a vernos la víspera) y lamentaban que no se hubieran hecho los trámites a tiempo para podernos ayudar con los pasajes de avión y los gastos de hospedaje: nelson había intentado hacer lo necesario a través de la oficina de la secretaría de relaciones exteriores en yucatán e indefectiblemente “lo batearon” diciéndole que no había recursos para apoyarnos.

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